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Dos versiones para una Caperucita

    LOS cuentos con los que crecimos están llenos de enseñanzas aplicables a la vida real.

    Pequeños retazos de las existencias de otros que, mientras somos infantes parecen servir únicamente para entretenernos y, al hacernos mayores, sus moralejas nos dan un sinfín de bofetadas de realidad que amplían el valor de la historia y la convierten en universal.

    La misma narración poco tiene que ver si es observada desde el prisma de Caperucita o si lo hace desde el del lobo feroz.

    En el primero de los casos, el animal siempre será malo, mientras que en el segundo, la culpable de todo será la niña de la caperuza roja.

    En la vida real pasa exactamente lo mismo. Cualquier historia tiene dos versiones que serán muy dispares dependiendo de la parte que las cuente.

    A partir de ahí, ha de ser cada cual con su buen criterio, raciocinio o disposición para la búsqueda; de denominadores comunes.

    Es obligación del buen observador retirar la paja, quedarse con lo importante de los relatos y sacar sus propias conclusiones.

    Ante las confrontaciones de otros, resulta de vital importancia no creernos nada de lo que nos digan y, de lo que veamos, solamente la mitad.

    En el primer caso, porque lo que nos cuenten estará salpicado de matices provenientes de la simpatía o antipatía que produzca el personaje en cuestión a aquel que le da voz.

    En el segundo caso, porque lo realmente importante, tal y como señalaba El Principito, no se ve a primera vista. Así que es posible que júzguenos por un matiz cuando detrás hay un mundo que se nos escapa.

    A la hora de juzgar y, extrapolando los cuentos a la cruda realidad, resulta clave aprender a ser persona. Buena persona.

    Lo cual no significa no cometer errores, sino reconocerlos, así como practicar la mediación siempre que la vida nos ponga delante una injusticia, aunque esta poco tenga que ver con uno mismo.

    Intentar quedarse al margen prestando oídos a ambas partes o haciéndose los tontos; son prácticas de recorrido muy corto a ojos de una hipotética Caperucita, pero también de un supuesto lobo..., por lo que el día que llegue la reconciliación de ambas partes o la relativización del problema que en otros tiempos incomodó a los dos protagonistas del cuento, los actores secundarios que practicaron el estilo anteriormente mencionado, habrán sido desenmascarados para siempre y sin posibilidad de retorno.

    Haciendo alusión a mi admirado Benedetti, todos deberíamos tener en cuenta la hermosa frase que hace alusión al cambio permanente: “ Cuando teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”.

    Y es que, nos guste no, hasta la reconciliación de cualquier lobo y de cualquier Caperucita puede estar en proceso, así que será mucho mejor que esta nos coja confesados.

    14 oct 2021 / 01:00
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