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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

De los 300 a los 700

12.09.2019 
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CUANDO allá por el mes de junio Feijóo reunió a las huestes administrativas para arengarlas ante las batallas venideras, no era difícil encontrarle analogías con Leónidas y su espartanos antes de las Termópilas, con los amenazantes persas transformados en las izquierdas galaicas. Pero aquellos 300 de antes del verano se han convertido en 700. La cifra mágica ha cambiado para reflejar millones de euros y no combatientes. Ahora, además de hoplitas bregados en direcciones generales cuenta el presidente con una inesperada bandera con la que no contaba en aquel momento, tiene una ola sobre la que surfear durante bastante tiempo.

Quienes acuden con sus tablas a la Pantin Clasic de Valdoviño saben que las olas son caprichosas incluso en esas aguas tan propicias. El mar puede producirlas o no. Por bueno que sea el surfista, sin ellas poco puede hacer además de esperar el momento, estar atento y divisarlas con tiempo suficiente. El Feijóo que reúne entonces al estado mayor de su ejército necesitaba una ola a la que subirse tras unos reveses electorales del partido que dejaban la sensación de una Xunta rodeada por sus enemigos.

Quien se la proporciona es el Gobierno en funciones. Sobre el impago de los 700 se va formando todo un relato político en el que Pedro Sánchez es un avaro Shylock de Venecia que intenta sojuzgar a las autonomías, y Feijóo un Leónidas autonómico que pelea por lo suyo haciendo gala de galleguismo. Sólo las múltiples tareas que le impone el cargo pueden explicar que a ese gran gurú de Moncloa llamado Iván Redondo se le haya escapado semejante pifia porque no sólo no se paga, sino que no se explica y se añaden contradicciones asombrosas que finalmente han soliviantado también a los barones socialistas.

Los 700 dan alas a Feijóo y se las recortan al nuevo líder del socialismo gallego, obligado a hacer equilibrios en el asunto justo cuando más necesitaba la ola para hacer su presentación parlamentaria. Frente a esa narrativa del Sánchez moroso y el Feijóo cobrador del frac en nombre de la Galicia acreedora, había otra basada en el Gobierno amigo que anticipa, con sus gestos generosos hacia esta tierra, lo que sería en el futuro una conjunción progresista de la que formarían parte Sánchez, Caballero y los señores del poder local del PSdeG. Así que tener un teléfono rojo directo con Moncloa es para el máximo dirigente del socialismo gallego una ventaja, y en ocasiones como ésta un trastorno que altera un guion bien trazado.

Los 700, en fin, le permiten a la Xunta pasar de la resistencia a la ofensiva, de la sensación de El Álamo que se daba con los altos cargos preparándose para el cerco inminente, a un contraataque inesperado con munición suministrada por el rival. Es un excelente combustible para alimentar el tipo de regionalismo que le permitió a don Manuel lograr su longevidad autonómica, por encima de las siglas y pasara lo que pasase en la política nacional.

Los famosos 300 pasaron de la leyenda a Herodoto, más tarde al cómic moderno y de ahí a la película. En Galicia se rueda otra versión en la que no hay lanzas sino millones de euros. El presidente surfea.

Periodista