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ABEL VEIGA

Feliz cumpleaños

06.12.2018 
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CUATRO décadas. Cuatro de democracia que los españoles fueron capaces de darse y legarnos. La Constitución de todos, cumple 40 años. Muchos hablan de su reforma. Cansino epitafio recurrente y somnoliento que solo despierta de su letargo la misma semana decembrina año tras año. Todavía hoy no somos muy conscientes de lo que es, significa y simboliza una Constitución en nuestras vidas. Ser, significar, simbolizar. Nunca España ha vivido tamaño periodo de libertades, prosperidades y solidaridades. A pesar de los golpes sufridos, primero con la lacra del terrorismo, luego con los embates de una crisis económica y axiológica que resiste aún a marcharse definitivamente. Ahora con el independentismo.

Probablemente, los españoles, aprendices eternos de Maquiavelo no hayamos aprendido nada. Pero es la forma de ser y la razón de ser del español, dado a la minusvaloración y al autoacomplejamiento. No hace falta más rivales que nos aflijan.

Conviene no perder de vista lo que significa un texto constitucional. Que lejos de sacralizarse, nada es sagrado, al menos en el plano humano, salvo la propia vida, debe ser y estar, atemperada a la realidad social de cada momento. Nuestro marco de convivencia, de libertades, de derechos, nuestro edificio institucional y político que ha llevado a este país donde le ha llevado pese a la pasividad y debilidad, la corrupción y la crisis innata a toda sociedad. Asisten puntuales las ideas icónicas e iconoclastas de reformas, a veces de un nuevo texto que parece que solo quieren los que de verdad no desean un texto constitucional. Y dentro de un año seguiremos en la misma y cansina cantinela. Siempre ha sido y será así. No hay voluntad efectiva y real de cambiarla. Ni siquiera parcialmente. Medidos los riesgos, entre ellos abrir el debate sobre la jefatura de Estado, es un obstáculo natural al que se aferrarán muchos. ¿Hemos madurado? Quién sabe.

No olvidemos nunca lo que es, significa y simboliza un texto constitucional, frente a los cantos de sirena que prefieren reducir a simple papel las normas que regulan y posibilitan nuestra convivencia y nuestra libertad. La que otros no tienen o simplemente desprecien con vehemencia e ignorancia. España es hoy libertad, pluralidad, respeto y tolerancia. Pese a los extremismos. Pese a los que quiren romper la convivencia, algo trágico en nuestro devenir histórico. Nadie mejor que los españoles para autoflagelarse constantemente.

Aprendamos del pasado, vivamos el presente con respeto y responsabilidad. Hágase política, pero de verdad, no la mediocridad que reina y avizora el horizonte hasta negar la ilusión.

Y hoy, como cada 6 de diciembre, toca hacer un alto en el camino y ser conscientes de donde estamos. Donde hemos llegado. Donde queremos ir como pueblo, nación, sociedad. Es importante hacerlo, porque la palabra lo puede todo, como lo hizo nuestra Constitución lo suficientemente generosa para que cupiésemos todos. Felicidades.

Profesor universitario