El Correo Gallego

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TRIBUNA LIBRE

ALBERTO BARCIELA

Postales

16.06.2019 
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"Tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo". (Miguel Hernández (1910-1942), poeta español)

Un rectángulo de amor, un mensaje a un amigo, un retazo de extravagancia, una demostración artística. Una postal es un soporte libre, abierto, claro, necesariamente conciso. Sobra el sobre. El mensaje se expone al escrutinio público, de buzón a buzón, como de boca en boca, de mano en mano. El sello se timbra, como alertando de una urgencia fechada, referenciada quizás en un lugar dibujado o fotografiado en una de las carillas. El soporte se convierte en escaparate, quizás en obra de arte volante entre el emisor y receptor, en una virtual paloma mensajera hecha con papel plegado, estilo origami. Todo al descubierto, como en un nudismo literario de dirección bien definida, con letra legible y algún aporte de época romántica. El escrutinio público de un contenido privado es posible.

Hay que explicarlo para los jóvenes enredados en internet: una tarjeta postal es un rectángulo de papel grueso, cartulina o cartón, con o sin ilustración, lugar para texto o no, emitida por particulares o por Correos, para ser despachada a través del servicio postal, que ha de ser producida con la intención de cumplir con las regulaciones referentes a tarifas prefijadas, tamaño, peso e impresiones.

Hay postales de amor prudente, casi sugerido, por aquello de la transparencia, de la comunicación no reservada, del exhibicionismo o del escaparatismo vital. Las hay familiares, de negocio, de amistad, publicitarias. Casi siempre de contenido positivo, pues los malos mensajes se reservan para los telegramas urgentes o para las cartas cerradas.

Las tarjetas postales iniciales, también llamadas entero postales, eran emitidas por las administraciones de correos y traían impreso el franqueo en el reverso. El anverso estaba completamente en blanco para que se pudiera escribir en ella un mensaje. Y ahí, supongo, nació la tentación de la ilustración artística, de incorporar un dibujo, como un emoticono decimonónico.

Hace ahora 150 años, el 1 de octubre de 1869 la administración de Correos de Austria-Hungría pondría en circulación la primera tarjeta postal en el mundo. La inicial oficial española se emitió en diciembre de 1873. La aparición de las verdaderas joyas ilustradas, impresas y editadas por la industria privada ocurrió en la última década del siglo XIX. Desde entonces, estos objetos de correo llevan impreso en el anverso un dibujo o fotografía, a menudo del lugar en donde fueron compradas, por lo que son un artículo habitual de venta en tiendas de recuerdos, quioscos de prensa, y hoteles, en países muy turísticos, como España.

Con un formato establecido por la Unión Postal Universal a finales del siglo XIX en 9×14 cm. Crecerían con la modernidad hasta los 10,5X15 cm., tamaños ambos acordes con las miniaturas pictóricas, muy al uso en tiempos anteriores a la fotografía.

Desde el año 1906, el reverso de la postal se suele encontrar dividido en dos mitades: la izquierda para contener el mensaje enviado, y la derecha para pegar el sello y poner la dirección del destinatario.

Muy pronto, en el año 1901 se puso de moda la cartofilia, actividad que engloba la compilación, estudio e investigación de las tarjetas postales y temas relacionados, y que fomentó el intercambio mundial de misivas en ese formato abierto. Al éxito de esta Era Dorada contribuyó que el coste de su envío era la mitad que el de una carta normal. Además, muchas de las postales antiguas tenían una gran calidad de impresión, en incluso algunos emisores las personalizaban con sus fotos o diseños. Estas son un valorado objeto de coleccionismo y una gran herramienta documental.

Las más valiosas son las pintadas a mano, tarjetas en las que la imagen ha sido dibujada o pintada, no impresa. El trabajo se realizaba sobre tarjetas emitidas por el correo con el anverso en blanco o que se vendían ex profeso, o se hacían totalmente de factura casera. En muchos casos expresaban la determinación democratizadora de los artistas. Trataban de llegar a las clases populares u obsequiar a sus amistades, acciones complementarias de lo que ya en esa época permitía la impresión de grabados.

Son documentos dignos de museo. Se requieren en anticuarios, exigen referencia postal, con sus correspondientes estampillas y timbres, es decir, material circulado con matasello fechador, marca postal con el día de aplicación. He reunido miles anteriores a 1939, es una iniciativa de más de 40 años. Amor a cada pueblo de Galicia, a su historia, a la comunicación entre la Tierra Madre y los emigrantes, un homenaje al arte de las pequeñas cosas maravillosas que se van perdiendo.

PERIODISTA