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crónica internacional

SERGIO OTAMENDI

Amenazas de Irán

18.07.2019 
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APENAS unos día ha tardado Irán en intentar cumplir sus amenazas y devolver el golpe que la Marina británica les infligió con la interceptación de un petrolero con crudo iraní con destino a una refinería siria, que estaría violando las sanciones impuesta de forma unilateral por Estados Unidos al régimen de los ayatolás. Tras ese incidente, distintos dirigentes iraníes advirtieron de que habría una respuesta y el propio presidente del país, Hasan Rohaní, denunció que el Reino Unido habría creado "inseguridad en los mares" con esa acción y advirtió de que tendrá "consecuencias".

Dicho y hecho, o intentado hacer. Irán presuntamente, habría querido evitar que el petrolero británico British Heritage atravesará el Estrecho de Ormuz mediante la interposición de varios barcos de la Guardia Revolucionaria, pero la intervención de fragata británica HMS Montrose evitó la interceptación del buque. Como en los otros cuatro incidentes anteriores con petroleros, Estados Unidos se la ha atribuido a Irán, pero las autoridades iraníes las han negado siempre, sin que por el momento se hayan esclarecido con certeza esas acciones, no así el derribo de un dron sobre aguas del país por la Guardia Revolucionaria. La misma que acaba de negar un "encuentro inesperado" con el buque de guerra británico.

Pero si Irán ha intentado cumplir su amenaza, la intervención de la Marina británica ha sido la primera de una hipotética coalición internacional aún por establecer pero sugerida por el presidente estadounidense, Donald Trump, para garantizar que el veinte por ciento del petróleo mundial que atraviesa el Estrecho de Ormuz pueda transitar libremente por la zona.

Todos estos incidentes no hacen sino servir a la estrategia de la tensión entre ambos países, dispuestos de boquilla a negociar pero sin que ni uno ni otro den muestras de cambiar sus intenciones. EE. UU. porque pide que Irán deje de enriquecer uranio que pueda ser utilizado para la construcción del arma nuclear, mientras que las autoridades iraníes solo están dispuestas a negociar si se eliminan las sanciones económicas contra el país, las mismas que Trump está dispuesto a incrementar a corto plazo.

El oscurantismo sobre lo que ha ocurrido en el estrecho de Ormuz permite al brazo armado de la revolución iraní a asegurar que si reciben la orden de interceptar petroleros, lo realizarán de forma firme y rápida, par salvar la cara ante lo que ha podido ser un fracaso flagrante de su respuesta a Reino Unido por el incidente de Gibraltar.

La sucesión de actos hostiles entre ambas partes desde el pasado mes de mayo, la rapidez con la que se precipitan y los desafíos verbales entre las partes no hacen sino incrementar la preocupación porque se desaten enfrentamientos militares. Solo la aversión de Trump a que las tropas estadounidenses intervengan en territorios en conflicto -avanzan la negociaciones para que sus militares abandonen Afganistán- puede ser un motivo de esperanza. Pero en sentido contrario, el presidente de EE. UU. trata de acabar con cualquier vestigio de la política de apaciguamiento que siguió su predecesor, Barack Obama, y considera que el acuerdo nuclear con Irán fue una malísima decisión, y además está presionado por el lobby judío que no quiere que en la zona haya otra potencia nuclear con capacidad disuasoria.

Periodista