El Correo Gallego

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ABEL VEIGA

Andamiaje del ‘no’

08.07.2019 
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EL noísmo gana. Pero solo lo hará durante un tiempo y para unos pocos, no para todos. Nada hay más perverso en política que el andamiaje del no. No es no. Pero no siempre es no. No debe serlo. Ahora bien, dejémonos ya de construcciones negativas. Hagamos en cambio una deconstrucción. Con inteligencia. Ayer mismo la ya ex alcaldesa de Madrid aseveraba que la sociedad española es mejor que sus políticos. Discrepamos de la ex primera edil, el político es espejo y reflejo de la sociedad española, en lo bueno, poco y escaso, y en lo malo o mediocre, que es el santo y seña de un tiempo y una época. La del vacío. Un vacío que a veces el político trata de combatir con una estrategia comunicativa acendrada, grandilocuente pero en todo caso, intrascendente.

Quizás hoy más que nunca capta la más pequeña e indiferente de las atenciones en la sociedad y el público en general lo que digan o dejen de decir los políticos. La sociedad en cierto modo ha dado un portazo, no definitivo, pero sí una vuelta de espalda displicente. La prueba es que ya no es tan fácilmente manipulable y que ya nadie llena estadios ni plazas de toros. Ni lo intentan.

Una de las grandes, dentro de que grandeza es un concepto con significantes mayores, coreografías que el tiempo discernirá es la del encastillamiento y los bandazos de Albert Rivera. Lo que era bueno hace un tiempo ya no lo es. Lo que es, deja de serlo. Y los pretorianos han tirado al suelo sus espadas y se han ido, mientras otros advenedizos de última hora tratan de envainarlas. Pero hay encastillamientos que terminan por desorientar y perder el sentido de la realidad sin que se gane absolutamente nada a cambio. Al tiempo. Este puede ser uno de los grandes errores de Rivera y de Ciudadanos pues si algo tenían eran centralidad y serenidad. Pero no bandazos y portazos, silencios impostados e interpretaciones falaces en ese tandem de derechas, PP, Vox y ellos mismos, apóstoles de los cafés de cinco horas, toda vez que España toma nota. Horas que no se pagan.

Rivera ha eliminado faros, tutelas, mentores y personas que, desde el sentido de la realidad y el polvo del asfalto, le ofrecían el pegamento que todo político ha de tener con su sociedad y su discurso. Acaba de lanzarse a un vacío mediático que es todo un ejercicio de funambulismo, pero sin red ni pértiga. El sabrá. Si hoy hubiera elecciones, y todo es posible, tanto a nivel estatal como a nivel autonómico o en apenas un año en Galicia, el bofetón será soberbio para la formación naranja. Encastillarse y hacerlo sin pedagogía, más allá de las razones personales que asistan o no a uno, tiene un alto precio. UPyD fue agua de mayo, Ciudadanos, de unos años. Pero no hay más ciego que el que ve y se empeña en fingir no ver. Cerrar la boca a la discrepancia. Arranques de chulería y soberbia, tienen costes. Los tendrán para Rivera.

Profesor universitario