El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

el psicólogo cuenta

ANDRÉS SAMPAYO

El libro

09.11.2019 
A- A+

formas de estar lejos. Así rezaba en su portada el libro que me habían encomendado. Era importante realizar un análisis objetivo del mismo, como científico, como psicólogo, me decían, no tanto como lector. Debe ser (y a veces no se equivocan) que los psicólogos no leemos. Contagiado por ese afán cientificista que se me demandaba, me creía capaz de eliminar cualquier atisbo de subjetividad. Abrí en mi ordenador el SPSS y varias hojas Excel, y me propuse hacer cientos de sumatorios, porcentajes, frecuencias acumuladas, relativas y absolutas y todas cuantas otras operaciones se pudiesen llevar a cabo. El objetivo, valga la redundancia, era ser objetivo, y eso pasaba por cuantificar, por poner números. Y eso hice: letra a letra, signo a signo, espacio a espacio. Descubrí, increíblemente, que la letra "d" se repetía incesantemente, y que en una gran parte de las ocasiones iba acompañada de la vocal "e", es decir, que la unión de "d" + "e", o para abreviar "de" era una de las más repetidas. Eso podría significar algo pero preferí seguir acumulando mediciones. Cuando ya tuve un buen puñado de números me dediqué a compararlos con más números de las consideradas obras maestras de la literatura. Logré establecer unas cuantas correlaciones significativas, y no solamente en cuanto al agrupamiento de letras, también con espacios y signos de puntuación. Me aventuré a establecer una hipótesis nula de no relación entre el número de veces que se repetía en un texto mi descubrimiento "d+e=de" y la consideración de ese texto como obra maestra, y una hipótesis alternativa que estableciera que, en efecto, sí había esa correlación. Por la noche, mientras atravesaba un sueño ligero, aún racional, fase dos de ondas theta (3,5 a 7,5 Hz), otra idea objetivamente objetiva se me ocurrió: analizar la tinta con la que estaba escrito el libro. También en esa tarea podría seguir ignorando mi condición subjetiva. La uniformidad del trazado, algunos pequeños desvanecimientos de tinta, la similitud entre letras escritas en diversas y lejanas páginas... Parecía, de nuevo, en la pista de estar cerca de algo... A la mañana siguiente un compañero me sugirió que me fijase en los números que marcan cada una de las páginas. ¡Cómo no se me había ocurrido! ¡Yo transformando letras en números cuando ya había números en las páginas! Llegó el día de presentar mi análisis. Me pidieron que para empezar les hiciera un breve resumen del libro, que les dijera de qué trataba la historia. No tenía ni idea. Menuda puñalada trapera.