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villa y corte

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Que baje Júpiter y lo vea

14.10.2018 
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el panorama político del país está fino y caliente. En primer lugar está Cataluña, esa parte del territorio nacional que por buscar problemas incluso se queda sin el bel canto, la genial e incomparable Montserrat Caballé. Porque Caballé no sólo fue una artista sino una genial protagonista cuya voz se escuchaba en las estrellas. Una gloria, un milagro, una exclamación de Dios. Un espíritu que el Creador elevó a la máxima categoría para decirle a los hombres que en la garganta humana estaba el paraíso. Llevó por el mundo la marca hispana, esa parte de la cultura que es el arte supremo de cantar. Su garganta no era humana sino un ruiseñor entonando glorias al amanecer. Ya dijo Aristóteles que "la música purifica las pasiones y provoca en los humanos una alegría inocente y pura". O Pío Baroja, que escribió que "la música es un arte que está fuera de los límites de la razón". Es evidente que una parte de los catalanes se equivoca queriendo separarse. Hasta ahora, cuando uno quería erigirse líder social o político, lo primero que hacía era presumir de orígenes. Los catalanes pasaban por ser trabajadores, preparados, listos y expertos en muchas industrias y oficios. Quizá algo tacaños o simples ahorradores, que es su forma de ser, su vocación o su pasión. Pero, con independencia de estereotipos varios, el canto en la garganta de la Caballé no era un sonido sino un prodigio.

 


Escribe Carmen Rigalt que ella es una excelente buscadora de catalanes. Dice, en concreto, con gracia no exenta de realidad, que ella, gracias a las enseñanzas de su padre, fue una excelente rastreadora de catalanes. Es capaz de reconocer a un catalán en la selva del Amazonas. "Si en una rueda de reconocimientos hay un alemán, un kurdo, un jamaicano, un ruso y un catalán, yo reconozco enseguida al catalán y no me equivoco", explica. Esto nos pasa también a los gallegos. Vemos un gallego en lontananza y sabemos de qué aldea es y la profesión que tiene. No es deformación, ni vicio, ni obsesión. Es llamada, no sé si de la selva o del viento. Supongo que tampoco hay que exagerar, pues la llamada de la selva, en los humanos, es vocación y destino. La llamada de la selva nos señala algo esotérico y natural, como ocurre con las fieras que se reconocen en el viento.


Estos chicos catalanes del lazo en la solapa no sólo se equivocan, sino que yerran gravemente. Podían ser los dueños del mar y la tierra, avanzados de la industria, banqueros de la burguesía, caganers de la cosa, pero se distraen con lazos y consignas, pancartas y separaciones. Se exilian en tierras lejanas, exportan butifarra y sueñan con Gaudí, que les hizo un templo para soñar. Tengo yo una remesa de vecinos gallegos de mi bisbarra luguesa que volaron a Cataluña, hicieron patria y asilo en las Ramblas y cercanías, y enseñaron a los catalanes lo que significa ser libre y extranjero en su país. Además, como escribió Antoine de Saint, "sólo hay una libertad: la de pensamiento". Bueno, pues ahora, andan empeñados en convertir Cataluña en país de asilo y territorio de infamia. Puigdemont, asilado sin asilo y Torra, presidente sin patria, que dice que se la quitaron los vecinos ibéricos.

 


Con todo, lo más fuerte e indefinido es la bicefalia, o sea, el régimen de dos cabezas que protagonizan Sánchez e Iglesias. Los dos P. Los dos que ya paseaban, casi del brazo, en illo tempore, por las afueras del Congreso de los Diputados, y ahora terminan de cerrar en La Moncloa el acuerdo para los Presupuestos. Circula en los medios la foto descriptiva de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Pablo Iglesias, jefe de Podemos. Entran en La Moncloa, de espaldas, hablando. El primero, con atuendo de presidente, o sea, traje y corbata, y el otro, de proletario, vaqueros raídos, camisa remangada y coleta a la espalda. El Gobierno y la oposición, o sea. Los dos Pes: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. En política los gestos son dogma, mitin, evangelio, discurso programático y revolución. Pedro no se ha retratado con nadie que luzca corbata como él, sino con el proletariado que es Pablo cuyos votos necesita. Pedro y Pablo son dos apóstoles carismáticos que pretenden ganar las elecciones y lo saben. El PSOE necesita del proletariado para gobernar. La izquierda radical, oxígeno que le permita situarse en la palestra para tener poder. Dice un proverbio galés que el que quiera ser líder debe ser puente. Y a todo esto, la derecha buscando salidas porque, según dijo Cánovas del Castillo, "no hay más alianzas que las que trazan los intereses, ni las habrá jamás".

 


Así está el patio. Algunos califican la situación de lodazal. Otros, de pasatiempo, y muchos más, de juerga. Bastantes de distracción y entretenimiento. A los políticos les pasa lo que a los jóvenes que frecuentan las discotecas. Escuchan demasiado hip hop pero no saben si pinchando tecno aciertan porque también les gusta el trap, el reguetón y por ahí. Está demostrado que mucha gente no entiende el rollo de los políticos ni sus afanes partidistas y sin embargo les vota. No sé donde he leído lo que una vez parece que dijo Cantinflas: "Cinco años estudiando leyes para ver políticos sin estudios haciendo leyes". O ver a un Rufián en el Parlamento haciendo de rufián y cobrando por insultar. Si esto es política que baje Júpiter y lo vea.