El Correo Gallego

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JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Barcelona, ciudad sin ley

25.08.2019 
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SE veía venir la situación de inseguridad y violencia que está sufriendo la Ciudad Condal y que, por fin, y acertadamente, ha reconocido el teniente de alcalde y responsable de Seguridad del ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle. Es cierto que vivimos en una sociedad violenta, en la que valores como el respeto a las leyes y a las normas de convivencia están mermando; pero también se dan una serie de circunstancias en la capital catalana que bien podrían haber acrecentado la crisis de seguridad que ahora padece.

No faltan opiniones acreditadas que ya han relacionado la situación de Barcelona con las políticas "buenistas" de ciertas alcaldesas del cambio, excesivamente permisivas con algunos sectores sociales de sus ciudades (ocupas, manteros, radicales violentos), al tiempo que particularmente despectivas con los representantes públicos del orden y la ley; es decir, con policías, mossos y militares.

Todos recordamos las reticencias de la alcaldesa Colau con los militares, o el trato vejatorio que recibieron los policías nacionales enviados a Cataluña durante la vigencia del 155. Tampoco ha ayudado ver cómo políticos y grupos independentistas campaban a sus anchas no sólo por Barcelona, sino por toda Cataluña, desoyendo resoluciones judiciales, creando crispación entre los ciudadanos, instando a "apretar" a la hora de manifestarse y reivindicar sus ideas, e incluso apelando a la "confrontación" con el Estado. Mas todos, sin excepción, debemos respetar las leyes, así como a los encargados del cumplimiento de las mismas, desde el presidente de una Comunidad, hasta el ciudadano recién llegado, pasando por la alcaldesa de la ciudad.

Albert Batlle ha sido director general de los mossos, y quizá por eso haya tenido la valentía de llamarle a las cosas por su nombre, de reconocer el problema, incluso contradiciendo a su alcaldesa. Ahora falta que consiga, en primer lugar, recuperar el prestigio y el respeto que guardia urbana, mossos, antidisturbios y demás colectivos que nos protegen se merecen.

En segundo lugar, que escuche sus reivindicaciones, como la necesidad de dotaciones personales y materiales adecuadas. Y, en tercer lugar, que a la vez implemente las políticas restrictivas necesarias para paliar la situación actual, y proyecte las actuaciones preventivas que impidan casos de violencia recurrentes como los que han trascendido a los medios en los últimos meses.

Sólo así Barcelona servirá de ejemplo para otras ciudades, municipios y villas españolas. Sólo así nuestros alcaldes y alcaldesas serán conscientes de las consecuencias que conlleva despreciar a quienes nos protegen, que no es más que alentar y dar alas a quienes nos amenazan.

www.josemanuelestevezsaa.com