El Correo Gallego

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CARTAS ASOMBRADAS

CAETANO DÍAZ

Motivos para seguir muriendo

17.11.2019 
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A Santiago Abascal, presidente de Vox //

Ilustración: JOSÉ LUIS ESTÉVEZ

FOTO: Ilustración: JOSÉ LUIS ESTÉVEZ

Empezar la noche electoral con el ¡Que viva España! y terminarla con el himno de la Legión -faltó, inexplicablemente, la guinda de Marujita Díaz y su Banderita- retrata, don Santiago, un gusto musical bizarro -dicho sea desde el respeto al legado cancionero de Manolo Escobar y al acervo patriótico/patriotero de esta Celtiberia de nuestras entretelas- que debería hacérselo mirar su alegre muchachada de Vox y que no lo curan Coque Malla y su manoseado No puedo vivir sin ti ni La Guardia con Mil calles llevan hacia ti ni, por supuesto, el sempiterno Libre de Nino Bravo. Todas ellas sonaron también en esa calle Bambú donde Vox estrena sede y que a Manuel Jabois le parece nombre tiernísimo.

Déjeme decirle, señor Abascal, sin acritud, que su euforia es mi desasosiego, y no solo por la música. El ¡a-por-ellos!, las exigencias de prisión exprés y manu militari para los líderes del secesionismo catalán -bien se ve que las garantías del Estado de Derecho se las pasan ustedes por el arco del triunfo-, la ilegalización de los partidos nacionalistas y su declaración de guerra al Estado autonómico suenan a caos y amenazan con calcinar la convivencia y dejar a España irreconocible.

No le oculto que pertenezco a la cofradía de los que sufren pesadillas con ese incendiario discurso suyo que nos pone delante del espejo de la distopía, don Santiago. Porque distopía sería echar el cierre al Senado, a las televisiones autonómicas, a las agencias meteorológicas, a los consejos consultivos y a las oficinas de defensores del pueblo. Distopía sería liarse la manta a la cabeza y fusionar concellos por decreto, a lo loco. Distopía sería deportar inmigrantes sin contemplaciones, restringirles las ayudas del Estado y demonizarlos -aún más- publicando estadísticas de delitos vinculados a nacionalidades. (Aunque en esto igual se lleva usted una sorpresa). Y distopía sería, por supuesto, que la sanidad pública volviese al franquismo y no pudiese practicar abortos.

No va a poder imponer su hoja de ruta -no le da para tanto su éxito en las urnas del 10-N-, pero su relato contaminará la política española con la eficacia de la lluvia fina: lo sufren ya las feministas. Sería un error callar y mirar hacia otro lado, señor Abascal. Por eso, yo me hago con Arcadi Espada -en El Mundo la hizo, a propósito del mutis de Albert Rivera- la madre de todas las preguntas: ¿qué periodista verdadero, aun muerto de hambre, no encuentra en esta convulsión fenomenal motivos para seguir muriendo? Atentamente.

 

Historias tristes e fodidas..., e necesarias

A Pedro Simón, periodista de 'el mundo'

Pode soar raro escribirlle a un madrileño en galego -imos camiño de que o raro sexa escfribir en galego, simplemente-, pero ten moito que ver o idioma con querer ser periodista e con querer selo en Galicia. Para quen asistimos á transformación deste bendito oficio -resístome a falar de morte, porque cada tempo ten os seus códigos-, a entrevista con vostede que Iñako Díaz-Guerra asina na contracapa d'El Mundo aluma, de repente, as minas no territorio que transitamos.

Seremos dinosauros en extinción, señor Simón, pero comparto radicalmente que nos periódicos ten que haber periodistas que conten historias tristes e fodidas, historias con rostros de perdedores, de marxinados, da lexión dos expulsados do paraíso.

Por moito que os pobres non merquen prensa -e non só eles, ai!-, toca resistir e manter vivas as reportaxes con carga social, simplemente para -di vostede e apláudolle- "joderle el desayuno a alguien cuando lee el periódico por la mañana". É un dos nosos sagrados deberes, digo.

Gústame, don Pedro, que lles receite unha cura de humildade a tantas estrelas, que lles quite a careta de superheroes a eses periodistas que, fachendosos, vampirizan a noticia cando a realidade é que "estamos allí un par de horas y nos volvemos a casa".

E comparto, tamén, a súa análise das redes, que volveron irrecoñecible esta profesión nosa, con periodistas que fan auténticos disparates por un puñado de seguidores virtuais. Nas redes, si, haiche moito odio e moitas simplezas de barra de taberna. O periodismo é todo o contrario, si: arramblar coas etiquetas, sempre tóxicas, e tender pontes.

Son vostede e os soñadores da súa tribo os que nos reconcilian con este oficio necesario. Siga con saúde.

 

Sic transit gloria mundi

Christian Salmon, ensayista francés, en El País: "Una sociedad pilotada por la conmoción falsificadora y por las medias verdades va directa al abismo (...) Lo importante ya no es resultar creíble, sino ser el centro de atención".

Lo que hace el autor de La era del enfrentamiento es poner negro sobre blanco los nuevos usos del discurso político, desnudar las trampas de narradores no fiables que están en la mente de todos: Trump, Putin, Bolsonaro, Salvini, Marine Le Pen... Salva a la clase política española, de alguna manera, porque "en sus discursos sigue habiendo esbozos de relato". ¡Con qué poco tenemos que consolarnos!

 

José Félix Tezanos, director del Centro de Investigaciones Sociológicas, en un desayuno en el hotel Palace: "Ni yo soy adivino ni el CIS es una casa de adivinanzas (...) Los que piden mi dimisión se lo han tomado como una ocupación. Yo no lo voy a hacer".

De acuerdo con lo de las adivinanzas, pero en absoluto con que "el barómetro estaba bien hecho" (sic). El propio Tezanos reconoce que no se valoraron elementos de incertidumbre como la sentencia del procés, la violencia en Cataluña y la exhumación de Franco. Blanco y en botella: la encuesta quedo obsoleta, inservible. Lo sabía toda España, menos él. ¿O sí?