El Correo Gallego

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A BORDO

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

¡Creced y multiplicaos!

11.07.2019 
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SI a principios del XX Galicia era la tercera comunidad más poblada de España y a estas alturas del XXI se precipita a la parte baja del ranking, hay una correlación que es falsa. A pesar de su manifiesta falsedad se sigue utilizando en los debates y no hace mucho tiempo, sino ayer mismo en el Parlamento gallego. Se insiste en que la baja natalidad es consecuencia de la precaria situación económica de la gente, pero nadie pondrá en duda que los gallegos de 1900 eran bastante más pobres que los de ahora y aún así tenían más hijos.

Para ellos el Estado del bienestar era un cuento de hadas y el propio Estado no pasaba de ser una entelequia lejana y madrileña que tenía escasa presencia en la vida diaria. La población sobrevivía y resistía, o emigraba. Quizá proceda de ese tiempo la expresión tan nuestra de “ir tirando”. A pesar de todo, el peso demográfico de Galicia en España doblaba el actual. En consecuencia vincular la baja natalidad a las malas expectativas económicas que son resultado del mal hacer de Feijóo, sólo es un argumento para andar por casa o intentar salir airoso en la sesión parlamentaria.

Los largos periodos de predominio socialista en Asturias o Extremadura no suponen un florecimiento de la natalidad. Todo indica que a la hora de concebir, las parejas no valoran si es del PP o del PSOE el presidente de la comunidad. No parece que el futuro padre le diga a la futura madre, o viceversa, que mejor aguardar a las próximas elecciones a ver quién gana para decidir si es bueno tener descendencia. Tampoco es probable que se hagan planes valorando el PIB, las vicisitudes del Ibex o la política que va a aplicar la señora Lagarde en el Banco Central Europeo. ¿Precariedad? Es un hecho, pero que no es equiparable a la precariedad estructural y falta de políticas sociales que sufrían nuestros antepasados de hace más de un siglo.

Amén de ese tópico tan arraigado y alejado de la realidad, sí merecería una reflexión que fuera más allá de la ligereza de un comentario, el tiempo que ha tardado el problema en ser aceptado por todos. Al margen de la acostumbrada esgrima partidista, todo los grupos que participaron ayer en el debate estaban de acuerdo en que existe un desafío y hay que afrontarlo, algo que hubiera sido insólito hace sólo veinte años cuando Manuel Fraga alertaba en el desierto contra el declive poblacional. En aquel entonces mencionar la natalidad era retrógado, casposo, confesional y evocaba las campañas franquistas en favor de las familias numerosas. Incluso ayer la portavoz del BNG se refería con desdén a las políticas natalistas, como si hubiera otro remedio a la situación que no sea el natalismo, nacionalista, liberal, marxista o reformista, pero natalismo a fin de cuentas.

Aquel tabú basado en supersticiones políticas que hacían del natalismo la negación del feminismo, hizo que las medidas se retrasaran mucho. Por lo oido ayer ni siquiera las luces rojas del tablero demográfico gallego logran que haya un mínimo acuerdo sobre el contraataque, ni que se archive el lugar común de que a más riqueza más población. En fin, creced y multiplicaos, votéis lo que votéis.

Periodista