El Correo Gallego

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

La España varada

25.08.2019 
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Edita: EDITORIAL COMPOSTELA

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EL maestro y sobre todo amigo Caetano Díaz captó el simbolismo de ese velero varado en el arenal de Ares, como la sirena de Alejandro Casona que en la realidad de los escenarios era la gran Margarita Xirgu. Caetano vio en él la metáfora o fotosíntesis de la España política que prolonga su estancia en el limbo por culpa de vetos, noes rotundos y, ya que estamos con la navegación, por falta de instrumentos que permitan marcar el rumbo. La gran diferencia, querido Tano, es que los torpes navegantes franceses que fondearon demasiado cerca de la orilla no tuvieron más que esperar a que la marea alta los devolviese a la ría, mientras que la pleamar de la política española no tiene horario ni fecha en el calendario.

Quienes aplaudieron la llegada de un nuevo tiempo con amplio surtido de partidos que rompieron la monotonía bicolor de las ultimas décadas, tal vez olvidaron un requisito esencial para que eso funcione: la flexibilidad para el pacto. Sin esa virtud el sistema democrático se bloquea y le ocurre lo mismo que al velero. Sólo es flexible el político, el patrón, que se siente seguro en su organización y con capacidad para plantear políticas que vayan más allá del corto plazo; y esa especie escasea.

Los líderes actuales tienen en común el ser precarios. En unos casos la precariedad viene de haber emergido en contra de antiguos barones y aparatos, aupados por una bases poco habituadas a la sutileza de los pactos. Las primarias superdemocráticas tienen el problema de que encadenan al dirigente, impidiéndole cualquier adaptación a acuerdos que amenacen la ortodoxia. ¿Hubieran sido posibles el acuerdo constitucional y los pactos de la Moncloa, con líderes impulsados sólo por la militancia? Buena pregunta. Junto a ellos están los que encabezan partidos que son aún embrionarios a pesar de tener poder institucional, y que sufren crisis internas cuando toca tomar decisiones que rompen la ambigüedad. El primer patrón corresponde a Sánchez y Casado; el segundo se ajusta a Iglesias, Rivera y Abascal.

Para todos ellos la posición menos arriesgada es estar varados como el barco de Ares. Navegar, en cambio, es un riesgo porque hay que irse adaptando a los vientos reinantes con una tripulación compleja que en algún momento puede amotinarse. Podría utilizarse una frase fotográfica utilizada por Alfonso Guerra en sus tiempos: el que se mueve no sale en la foto. El socialista se refería a la militancia que osaba discrepar y hoy por hoy habría que aplicársela a los líderes que causan este bloqueo. Todos temen que cualquier flexibilidad ante unos acuerdos los penalice internamente en sus organizaciones.

Alejandro Casona estrenó La sirena varada en 1934 y algunos quisieron ver otra metáfora de otra España encallada en el desconcierto político. No seamos agoreros; las amenazas no son las mismas de entonces, pero lo cierto es que ni un barco ni un país tienen como situación natural el estar varados indefinidamente. Lo suyo es navegar con una tripulación capaz de entenderse al menos en ubicar proa y popa, babor y estribor. ¿El velero? Salió de Ares quizá con rumbo a Corrubedo.

Periodista