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a bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Por un puñado de cargos

20.06.2019 
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¿NO es paradójico que sea precisamente el Senado la última manzana de la discordia de En Marea? El Senado, esa Cámara obsoleta, un vestigio del pasado con olor a alcanfor, un museo institucional repleto de fantasmas de la historia del que abomina sobre todo la nueva política en la que decían enrolarse los mareantes. De haber creído los rimbombantes principios de los representantes de la unidade popular, lo natural hubiese sido que esa pelea que mantienen los dos bandos fuese por no ir y resulta que el conflicto viene porque todos apetecen el cargo.

El epílogo de la formación demuestra la sabiduría de Marx cuando aseguró que la historia ocurre primero como tragedia y después como comedia. Los revolucionarios genuinos siempre acabaron divididos en tendencias que alimentaban odios terribles, como experimentó Trotsky en su exilio mexicano. Sin embargo las razones de las discrepancias no eran mezquinas sino que se referían a cuestiones ideológicas que en el caso de En Marea no existen. Había una cierta grandeza en los divorcios de los grupos contestatarios que provoca la admiración incluso entre quienes no comparten nada de lo que dicen o hacen.

Lo que parece el acto final del grupo en el que Villares oficia de último mohicano carece de épica y se encuadra en la comedia. Es una simple riña por cargos. De repente ha quedado claro que bajo esos vagos conceptos con los que elaboraban sus homilías no había nada. Ni capacidad de gestión, ni empatía con la gente, ni proyecto alguno; tan sólo coartadas para disfrutar el poder. Que En Marea era un simple decorado de cartón piedra tras el cual no había nada, se prueba con esta pugna por ser senador en la que, dicho sea de paso, ni los inscritos ni las inscritas tienen voz ni voto.

En esta versión del Titanic el capitán y su tripulación no permanecen gallardamente a bordo mientras el pasaje intenta embarcarse en los botes y suena la música de fondo de la orquesta. Aquí es al revés. A bordo seguirá la noble militancia, el entusiasta que decidió creer sin esperar nada a cambio, la infantería que hacía de telón de fondo cuando hablaba el líder, y en cambio son los tripulantes quienes intentan salvarse con un ministerio en Madrid o un cargo de senador por Galicia.

Se percibe en las informaciones sobre el episodio que los mareólogos han renunciado a utilizar etiquetas políticas para identificar a los contendientes. Los membretes solo eran como esas púdicas hojas de parra que cubrían la desnudez en pinturas de tiempos puritanos. A día de hoy se trata tan sólo de hacerse con el ultimo mobiliario de la casa antes de que sus ocupantes sean desahuciados, y el azar ha querido que una de las piezas que quedan sea un escaño en el Senado, tantas veces tachado de inútil por los que nos decían que lo fundamental de la lucha política estaba en la calle. Así que a la espera de una reforma de la Cámara aparece una utilidad imprevista como refugio de contestatarios contra el régimen del 78, el mismo que estableció el Senado. El suceso es malo para En Marea pero bueno para la institución que, a pesar de todo, provoca pasiones. Baja pues el telón de la comedia.

Periodista