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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Un socialista sui géneris

09.11.2018 
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A PROPÓSITO del casto vis a vis que mantuvieron Paco Vázquez y Albert Rivera, un distinguido miembro del PSOE comentó que el exalcalde siempre había sido un socialista sui géneris. La verdad es que las reacciones de la gente del partido fueron mayoritariamente respetuosas con la libertad de quien sigue representando uno de los capítulos más gloriosos de la socialdemocracia galaica. Aunque no gustara el gesto ciudadano, se optó por el silencio o por amables evasivas. Pero volviendo a la consideración de Vázquez como socialista peculiar o si se quiere extravagante, no queda más remedio que darle la razón a quien lo dijo.

Tal vez discrepemos en la causas de la peculiaridad o extravagancia del personaje. Quizá su crítico se refiera a que Paco es poco de izquierdas con esa heterodoxia suya que le hizo desmarcarse de los cánones partidarios. En realidad Vázquez es atípico porque ganó. Sus seis mayorías absolutas son algo inconcebible en la historia del PSOE gallego, una marca difícil de superar, lograda en lucha contra la derecha y siendo A Coruña un islote progresista en un mar conservador. Lo que hace raro al ex es que sea un triunfador en una formación que en Galicia cosechó numerosos reveses. ¿Lo considerarían algunos más socialistas, más de izquierdas y progresista, de haber perdido?

Si fuera así, si la victoria fuese sospechosa como dijo Blair atacando a los izquierdistas posturales del laborismo, el Partido Socialista tendría aquí un serio problema, el mismo que siguen teniendo, por cierto, los laboristas británicos. Tanto Blair como Vázquez, como ahora Abel Caballero, tienen la virtud de ampliar el radio de acción de la socialdemocracia, atrayendo a sectores moderados, enfrentándose al conservadurismo y rechazando sin complejos a la extrema izquierda. Esa fórmula fue y es respaldada por los electores, y sin embargo, algunos la consideran sui géneris.

Este sinsentido guarda relación con los requisitos para tener el marchamo de la izquierda. La tradición socialdemócrata en la que se incluyen los citados, hace depender el grado de izquierdismo más de lo que se hace que de lo que se dice. En esa cultura progresista ir sin corbata, llevar una camiseta arrugada o lucir una sempiterna gorra, eran aditamentos que no tenían nada que ver con ser o no de izquierdas porque lo sustancial eran las políticas y las realizaciones. Ahora, en parte debido a una dejación de la socialdemocracia, la postura es lo sustancial y las políticas reales, lo accesorio.

En buena lógica el socialismo gallego tendría que estar esforzándose en aplicar los modelos de Vázquez en A Coruña y de Caballero en Vigo dado que sus victorias los acreditan. Sin embargo ambos casos producen una visible incomodidad, como si reivindicar a los que ganan estuviera mal visto. Albert Rivera, en cambio, lo ve claro con el alcalde de las seis mayorías absolutas y se arrima a su sombra para encontrar una vía de entrada en esta Galicia que se resiste a su encanto. Es verdad eso de que es un socialista sui géneris. Si en vez de seis victorias hubiese logrado seis derrotas, hoy sería reverenciado.

Periodista