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CARLOS PAJARES

Llorar y las mujeres

19.04.2019 
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"LLORA como mujer lo que no supiste defender como hombre" es la frase que la leyenda pone en boca de Aixa, la madre de Boabdil, diciendo a este cuando lloraba al mirar a Granada después de su capitulación aunque carezca de documentación histórica. Es una frase más de las muchas que revelan actitudes en las que se asocia el llorar como algo de mujeres y una muestra de debilidad.

Sin embargo las lá- grimas son un grito enérgico aunque silencioso, un anhelo profundo, una sed interior que se manifiesta hacia fuera, desbordándose.

En el libro del filósofo portugués José Tolentino, aparece que en una ocasión preguntaron a la conocida filósofa, psicóloga y novelista francesa Julia Kristeva que comentara, aunque no era creyente, la bienaventuranza de Jesús: "Bienaventurados los que lloran porque serán consolados", respondiendo que como psicóloga la entendía perfectamente, porque cuando un paciente muy deprimido consigue llorar en el diván, sucede algo muy importante: comienza a distanciarse de la tentación de suicidio. Las lágrimas no reflejan el deseo de morir, sino la sed de vida.

Las lágrimas que humedecen tantos rostros hoy en día, son un gemido de un gran caudal humano que muestra su sed de vida. Las lágrimas son la expresión externa y viva de nuestros anhelos y deseos, fluyen desde dentro hacia fuera, surgiendo en lo más profundo de nuestro ser y nuestra interioridad. Es desde ese interior donde nos encontramos vacíos, desnudos, despojados de nuestras falsas identidades. Surgen de nuestra más sencilla autenticidad interior. Al llorar se experimenta posteriormente la fuerza de la debilidad.

Muchos hombres y mujeres lloraron abundantemente. Grandes santos como Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús o Francisco de Asís lo hicieron. También lo hizo Jesús. José Tolentino apunta al filósofo Cioran, quien nos dice que el mejor regalo de la religión no puede ser sino este: enseñarnos a llorar. Las lágrimas son la línea divisoria que distingue a los seres que lo saben todo de aquellos otros que no saben nada.

Nuestra vida se puede contar por nuestras lágrimas, lágrimas de alegría, de fiesta, de emoción, de desgarro, de arrepentimiento, de soledad. Las lágrimas vertidas y las que no llegaron a salir. Son una biografía de la humanidad, hombres y mujeres. Son una expresión profundamente humana.

Profesor emérito de la USC