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FIRMA INVITADA

CARLOS PAJARES

El tiempo y la gratitud

27.03.2020 
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EN estos tiempos de incertidumbre y sufrimiento, sentimos con más realidad lo que es el tiempo y lo que es la gratitud.

Nos es difícil comprender que hay que dar tiempo al tiempo. Nos gustaría que el coronavirus pasase ya y que todo volviese a ser como antes. Nos gustaría que ya hoy pudiésemos salir de casa. Vemos con preocupación las curvas que aparecen en los medios de comunicación y con cierta ansiedad deseamos que la curva pasase por el dichoso pico mañana mismo. Parece que el tiempo se dilatase. No nos damos cuenta que hay que dar tiempo al tiempo para que pueda hacer su labor.

Nosotros lo único que podemos hacer es ayudar a eso con paciencia, unos sencillamente quedándonos en casa, otros curando a los infectados, otros sirviendo en el mercado de abastos, supermercados, panaderías o vigilando que se cumplan las normas establecidas que, al fin y al cabo, buscan acabar con el contagio y la propagación de la infección.

Don Quijote decía a Sancho: "Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de suceder bien las cosas, porque no es posible que el mal y el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado el mal, el bien esta ya cerca". En otras palabras: Nunca llovió que no escampara.

La gratitud es otra realidad que ha brotado espontáneamente desde el interior de nosotros con los aplausos hacia los sanitarios y otros colectivos que con su comportamiento y profesionalidad admirable han puesto como prioridad el servicio a los demás por encima de su salud. Agradecidos es de bien nacidos nos dice también El Quijote. El confinamiento también nos ha permitido ver y valorar y agradecer cosas que tenemos todos los días, empezando por la vida propia, la de los familiares, amigos y compañeros, siguiendo por su cariño o simplemente ver el sol, la lluvia, los árboles o sentir los pájaros o el silencio.

Los cristianos pensamos que Dios esta siempre en el interior de todos nosotros, manifestándose, sacando de dentro el espíritu de ayuda y servicio justamente en estos momentos de fragilidad, vulnerabilidad y sufrimiento, cuando parece que no podemos y ya no tenemos fuerzas. Es el que acompaña a los enfermos y a las familias en su sufrimiento. Es esto un verdadero milagro. En efecto, es un milagro la actuación desinteresada de los sanitarios y otros colectivos en el servicio y en la ayuda a los demás, sin aspavientos y con profesionalidad

No creemos en un Dios mago, que de un día para otro parase la infección. Dios no puede hacer eso, de la misma manera que no puede hacer por ejemplo que los ángulos de un triángulo sumen más de 180 grados o que no se conserve la energía. Las leyes de la Naturaleza son un reflejo del amor de Dios y por ello no pueden dejar de cumplirse un rato para que sea posible un milagro mágico. Nuestra oración es de agradecimiento a Dios por el comportamiento de tanta gente buena.

Profesor emérito de la USC