El Correo Gallego

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RESEÑA MUSICAL

RAMÓN G. BALADO

Chelos y piano en la “Escola Berenguela”

04.10.2018 
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Comienzo de curso el próximo sábado en la “Escola Berenguela”- 19´30- con un concierto especial en el que intervendrán tres chelos y un piano, siendo los primeros Millán Abeledo, Thomas Piel y Fernando Santiago, con la colaboración del pianista Javier López Jorge. A todos les debemos su aparición frecuente en ciclos y certámenes de regular frecuencia. El pianista, casi en condición de invitado, viene avalado en su prestigio por sus estudios en el “Royal College of Music” de Londres, siguiendo la docencia de Andrew Ball, Pasó por Budapest para ampliar en posgrado con Andràs Kemenes, Marta Gulyas y Rita Wagner, además de doctorados en la “Liszt Ferenc Academy of Music”. El programa resultará todo un aliciente por el planteamiento que nos proponen, partiendo de un personaje por descubrir, Justus Johann Friedrich Dotzauer (1783-1860), hombre polifacético en el dominio de instrumentos con los que se manejaba, desde el piano, al contrabajo, el clarinete y la trompeta, pero será el chelo el que ocupe un mayor interés en sus atenciones, no en vano fue autor de un método, el “violoncellschule”, publicado en cuatro volúmenes, que resume un muestrario de ejercicios y caprichos. Fue miembro de la “Gewandhaus” de Leipzig (1801-5) y chelista en las cortes de Meningen y Dresde. El chelo, tan apreciado, le permitió dedicarse en amplitud, dejando una serie de conciertos y concertinos, sonatas y una serie dispersa de divertimentos.

Curiosidades bachianas por el “Canon circularis per tonos”, título que se ofrece a dar carta blanca a la imaginación. Buena ocasión para recurrir a Ramón Andrés en su trabajo “Johan Sebastian Bach (Los días, las ideas y los libros)”. Dice el estudioso: “La pureza sonora es algo que se logra mediante la construcción de un orden estricto y de una extrema depuración de la estructura musical, lo cual es inviable sin una escritura capacitada para distribuir en grado sumo la interrelación de voces. Bach tenía una gran intuición acústica, hacía probaturas disponiendo a los miembros del conjunto musical según la arquitectura del local. Sacaba el mayor rendimiento sonoro de un espacio, como lo atestigua su hijo Karl Philipp, quien comenta en la “Necrológica” que, sin necesidad de acudir a un estudio sistemático acústico, resolvía los problemas presentados por las peculiaridades de las “particellas” y por las características de las iglesias y los salones en que debían tañerse”. El resumen de este sustancioso estudio, nos ayuda a encontrarnos con facetas que invitan a relecturas y revisiones, desde su primer capítulo, “escenas del silencio”, hasta la conclusión con “Un organismo vivo: La música florece en sus ramas”.

“Foi Deus”, es un fado, en principio, un fado popular que se transfigura en semejante tratamiento para trío de chelos con acompañamiento de piano. El fado de inciertos orígenes, a la medida de los que tiene el cante jondo. Nombre míticos, en su raíces, como el de María Severa, que dará nombre a uno de esos cenáculos que pretenden conservar el mito, precisamente en la capital lisboeta, y que comparte con otros lugares históricos:”A Parreirinha da Alfama”, “Adega Machado” , “Clube do fado” o la “Casa do Fado e da Guitarra”. Inciertos orígenes portuarios entre marinerías y advenedizos de procedencia desconocida, para encumbrarse a los salones con ropajes distintos. Melancolía y sensación de fatalismo, como seña de identidad.

David Popper con el “Requiem para tres violonchelos y piano Op. 60”, músico de una familia de músicos austríacos y gran tradición que dejará herederos. David nació en Praga, en 1843, algo muy común en esos países limítrofes con profundos resultados enriquecedores, y fue alumno en el “Conservatorio” de su ciudad de J.Goltermann, poco antes de realizar su primera gira por Alemania, gracias a la mediación del ilustre Hans von Bülow, quien llegó a acompañarle al piano. Recibió el título de “Kamervirtuos”, del Príncipe Hohenzollern, En 1868, fue invitado como primer chelista de la “Ópera de la Corte”, de Viena. Desde 1896, se decidirá por la docencia en el “Conservatorio de Budapest” y fue autor de obras de interés: 4 conciertos para violonchelo, cadencias también, para obras de otros compositores, desde Haydn a Saint- Saëns o Robert Schumann y merecen mención las obras didácticas que legó, como las “Hohe Schule des Violoncello-Spiel”.