El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Cocido (deleted)

24.10.2019 
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YA sé que ha hablado todo el mundo de esto, incluso Jabois, pero sucede que uno es lento en la edad de la velocidad de los jardines y de todo en general. Llevo saboreando la idea de hablar del cocido prohibido o censurado, o lo que sea, en Instagram: apenas sucedió hace unas horas, la verdad, pero ya está toda España opinando al respecto, como si fuera un tema muy principal. Y es que lo es. No se confundan. No crean que sólo lo de Cataluña, lo del Valle, lo de Trump (sea esto lo que sea esta vez), lo de Boris Johnson, etcétera, es lo único importante. Lo que sale por Instagram es parte del alma imaginaria, es parte del troceado doméstico, es como el retrato que llevo en tu cartera. No minusvaloremos. Se está hablando del cocido prohibido, o censurado, o eso, más de lo que se ha hablado nunca del cocido en este país, y mira que se suele hablar mucho. Ni en Lalín, o sea, donde es sagrado. Ni en Madrid, donde también tiene su bien ganada fama. Por no hablar del cocido maragato, eso cocido inverso que uno toma como tentempié en cualquier viaje por autopista a Madrid.

Tocarle a uno el cocido es tocarle la moral, es ir a la yugular gastronómica. Puede que Instagram no se haya coscado de la trascendencia cultural del cocido en estos lares, o puede que le importe un comino, o puede que no sepan de qué se trata. Ignoro las normas del decoro fotográfico en la susodicha red social y no me voy a levantar ahora a buscarlas. He leído que acusan al cocido, bueno, a la foto de Barreira (parece que este vigués es su autor), de ‘violencia gráfica’. Será violencia por la abundancia que sugiere. Si el cocido puede censurarse gráficamente entonces es que la cosa está aún peor de lo que parecía. Quizás hemos entrado en la cuesta abajo definitiva. Es verdad que ya había síntomas, de hecho, hay síntomas preocupantes cada día. Pero llegar a este extremo sugiere una confusión importante, un nivel de simpleza que no se alcanza fácilmente. Lo estamos bordando, tíos. O nos estamos volviendo tontos o se ha vuelto tonto el algoritmo, que podría ser.

Uno no es muy de buscar culpables, que por cierto es un deporte muy contemporáneo, pero ese algoritmo debería dar la cara y explicar qué ve en los garbanzos, sean pedrosillanos o de Fuentesaúco. Un cocido inocente, a mi entender, con su verdurita y su canesú. Un cocido decoroso y de tradición, más o menos fotogénico, de acuerdo, porque todo, lo bueno y lo malo, está en el que mira. Ni siquiera se ven tropezones, que con la caraja mental del presente aun darían que pensar al algoritmo. Yo he visto fotos de comida mucho más agresivas gráficamente hablando, mayormente por su mala calidad culinaria. La paella con chorizo, pongamos: ¿agrede o no agrede? Pero un cocido no merece este baldón algorítmico, esta especie de humillación fotogénica, esta especie de sugerencia de que necesita maquillaje informático, por mucho que vivamos en la edad de las apariencias, siempre tan valoradas. Pronto lograremos la gran pulcritud, la gran pureza, y que todas las fotos sean, en el fondo, como las instantáneas de gatitos.

Pero todo lo que se prohíbe cobra más fuerza, y el cocido alcanzará así su merecida justicia poética.