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leña al mono, que es de goma

DEMETRIO PELÁEZ

Todos mileuristas, y tan contentos

27.05.2018 
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Algunas de las noticias que publicamos a lo largo de la semana no emanan precisamente un aroma optimista. Son más bien como las flores del mal, que se propagan sin control y expanden su desagradable olor por áreas cada vez más extensas. Una de estas informaciones señalaba, por ejemplo, que el 41% de los jóvenes compostelanos se conformarían con cobrar 15.000 euros al año si alguien les diese la oportunidad de contratarles por primera vez, algo que tampoco es sencillo pese a los salarios con look congoleño que se estilan hoy en día.

Si se quedaron solo en el titular, muchos lectores habrán pensado que la información no resulta ni extraña ni chocante. A fin de cuentas, los denostados mileuristas, considerados una especie de pringaos hasta hace muy pocos años, integran hoy una casta casi privilegiada dentro de un panorama desolador en el que los precios no paran de subir y los sueldos, por contra, permanecen anclados en el pabellón de la anorexia, cuando no en la cámara de descompresión. En otras palabras, que los jóvenes santiagueses -y los de cualquier lugar de España- pueden darse con un canto en los dientes si alguien accede a pagarles unos 30 eurillos diarios en su primer trabajo.

La cosa, en cambio, empieza a chirriar un poco, un mucho, cuando comprobamos que los jóvenes a los que se refiere la noticia no son los típicos que dejaron los estudios tras repetir veinte veces tercero de parvulitos y que a los 16 cerraron los libros para siempre, sino licenciados universitarios. Y choca aún más si avanzamos en la información y vemos que la encuesta se hizo, por la consultora Círculo Formación, entre veinteañeros avanzados que están cursando o ya han cursado alguno de los tropecientos mil másteres que tanto molan a los diseñadores del nefasto, absurdo y clasista Plan Bolonia.

O sea, que en teoría se trata de personas con una formación de primera y que, por lo tanto, deberían aspirar a formar parte de una especie de casta de asalariados de lujo, aunque visto lo visto se conforman con meterse en la rueda laboral de la vil supervivencia. Si esas son las aspiraciones de los nuevos JASP, da miedo pensar en qué umbral se encuentran las de los jóvenes que no pueden presumir de estar sobradamente preparados... y ahí entramos en otra interesante ramificación de la noticia. ¿Cuál? Que en realidad los JASP de ahora no son como sus primos mayores y tampoco alardean de estar bien formados. Más bien todo lo contrario, porque la friolera del 71% no se considera en absoluto capacitado, tras acabar el grado elegido, para desempeñar un cargo acorde con su supuesta especialización.

Las razones son varias, pero prácticamente todos los encuestados coinciden a la hora de señalar que han recibido estudios demasiado teóricos y muy poco prácticos, mientras la mayoría de las empresas buscan a gente espabilada y resolutiva que valora mucho más la experiencia que la culturilla general. Y bien, ¿qué experiencia puede tener un recién licenciado? Ninguna, o prácticamente cero, algo que no se corregirá mientras las universidades sigan ancladas en modelos más propios de mediados del siglo XX que de la época actual.

EL AUTOR ES PERIODISTA 

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