El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » Firmas

LOS REYES DEL MANDO

JOSE MIGUEL GIRÁLDEZ

Los deseos correctores

14.10.2018 
A- A+

HE leído sobre el cambio de una palabra en una vieja canción de Mecano. Al parecer ha sucedido, o puede suceder, en un programa de talentos de esos que tanto abundan (en concreto, ‘Operación Triunfo’). La decisión parece que fue tomada por una de las concursantes, que se negaba a pronunciar una de las palabras incluidas en la letra, por considerarla homófoba (y, por lo visto, instaba a sustituirla por otra). De inmediato ha surgido la polémica, como es natural. La corrección y modificación de una obra artística parece que es algo que algunos aceptan, al menos últimamente, especialmente en el caso de que la obra artística en cuestión incluya expresiones que juzgan inaceptables, o que, según ellos, atacan a un colectivo social concreto. Es curioso que esto suceda con el arte, y no tanto con las expresiones del habla cotidiana (incluyendo muchas que aparecen en tertulias, o, sobre todo, en las redes sociales).

Hace algunas semanas el director de la Real Academia Española (en una entrevista publicada en este mismo diario) ponía de manifiesto la peligrosidad que supone someter el uso de la lengua a los parámetros, extralingüísticos, de la corrección política. Y decía, con cierta contundencia, que se trata de una de las peores formas de censura. Es posible que muchas de los deseos correctores de la lengua tal y como la conocemos provengan de personas que no pertenecen al ámbito lingüístico, de tal suerte que tal vez no hayan caído en la cuenta de que nada en la lengua se decide de un día para otro, ni siquiera depende de normas, pues los hablantes tienden a hacer lo que les da la gana. Y eso que los hablantes deciden, con el paso del tiempo (ahí están los cambios históricos, por ejemplo), es lo que la RAE fija, sin decidir sobre nada más. La lengua es, en ese sentido, muy democrática, resiste imposiciones, y no acepta mandatos. Aunque, desde luego, recibe influencias: porque es algo vivo.

Por supuesto que la lengua va cambiando con los cambios de la sociedad: es decir, con los cambios de los hablantes. Y lo hará a su modo, y a su tiempo. Todo lo demás está condenado al fracaso. Lo que Darío Villanueva decía sobre la corrección política, y que comparto absolutamente, implica siempre autocensura, o censura a los otros, limitación y exceso de celo. La corrección política aplicada a la lengua implica cercenar la riqueza de las acepciones, que dan una enorme dimensión a vocablos y expresiones, por más que no sean del gusto de esa pretendida corrección que lava más blanco.

El caso de esta canción de Mecano, en la que una palabra no era admisible para una concursante, pone sobre la mesa el momento de confusión en que vivimos. El lenguaje es un tejido vivo en el que se manifiestan los síntomas. Yo, como creo que la mayoría de la gente (Mecano incluido), jamás defendería una postura homófoba, ni excluyente, ni contraria a las libertades. Pero tampoco defendería nada que vaya contra la libertad del lenguaje y del arte. Un artista se expresa con sus herramientas y su obra no puede modificarse en función de otros parámetros. Podrá gustar o no gustar, pero ese es otro asunto. En aras de esa corrección política, nos cargaríamos el ochenta por ciento de la producción artística. Por lo menos.