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crónica personal

PILAR CERNUDA

El día de Franco

24.10.2019 
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HOY se traslada los restos de Franco al cementerio de Mingorrubio, donde se encuentra la tumba de su mujer. Gran error político el que cometió Zapatero abriendo la caja del revanchismo cuando la Transición había apostado por la reconciliación tras una cruenta guerra civil a la que siguieron casi cuarenta años de dictadura. Fue uno de los grandes logros de unos dirigentes políticos que sin excepción apostaron por cerrar, o intentar cerrar, las heridas que más duelen, las de una contienda civil que enfrenta a familias, amigos y destroza la convivencia. Un horror superior a la guerra entre dos países.

Izquierda y derecha decidieron durante la Transición emprender una etapa nueva, rindieron honores a los que habían sido deshonrados durante la dictadura por defender el Gobierno legítimamente elegido, reconocieron sus méritos militares, apoyaron el regreso de los exiliados y reivindicaron la figura de los asesinados y los perseguidos por el franquismo. Nunca se les podrá restituir lo que pagaron por haber estado en el bando contrario al de los ganadores, pero al menos se convirtieron en ciudadanos españoles con los mismos derechos que aquellos que se habían encontrado en el llamado bando nacional, bien por propia voluntad, bien por las circunstancias geográficas.

El Parlamento aprobó la Ley de Memoria Histórica y más recientemente el traslado de Franco del Valle de los Caídos. Por tanto, guste o no guste hay que cumplir la ley; es lo mismo que se exige a los independentistas. No se puede reprochar por tanto al Gobierno la preparación del traslado, que si se ha retrasado durante un año ha sido por los muchos recursos presentados por los nietos y bisnietos de Franco, lo que ha provocado que coincida con una campaña electoral que favorece a Vox, pero también a un PSOE que se pondrá la medalla de haber desalojado al dictador de un lugar construido para su mayor y gloria aunque hay quien afirma que nunca quiso ser enterrado allí.

Europa ha sufrido a muchos dictadores y ha resuelto de desigual manera qué hacer con su memoria y con sus restos. Mussolini está enterrado en el cementerio de su pueblo, pocos portugueses saben que los restos de Salazar -muerto y enterrado antes de la democracia- reposan en el tumba de su familia, también en su pueblo. Petain, colaboracionista y considerado un gran traidor, nunca fue despojado de su grado de mariscal; De Gaulle le conmutó la pena de muerte por la de condena perpetua, e importantes franceses reconocen públicamente sus méritos militares aunque optó por el lado contrario al de los patriotas.

Con el traslado de Franco se cumple la ley, pero el Gobierno pudo haber tenido una cierta generosidad hacia unos familiares que, al final, solo pedían una bandera española sobre su féretro. Algo que no está reservado a héroes y militares, sino a cualquier español que desee que en el momento de su muerte lo cubra su bandera.

Periodista