El Correo Gallego

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VILLA Y CORTE

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

Disparos de 'kalashnikov'

16.09.2018 
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LA democracia es el abuso de la estadística, dijo Borges. Fue más perspicaz Emilio Castelar cuando aseguraba que "las coaliciones son siempre muy pujantes para derribar, pero son siempre impotentes para crear". Este país sufre espasmos políticos de gravedad demostrada e incierta. Ahí está la sublevación catalana con las calles invadidas de banderas separatistas, lazos y masas vociferando consignas. Si la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás, que vino a decir Churchill, la realidad hace que el horizonte político de este país se está tiñendo de negros nubarrones que pueden acabar en tempestad. Los problemas políticos o se abordan de inmediato o se convierten en venenos que asfixian a los pueblos. Una buena parte de los políticos ven demasiado cine negro y desayunan doctrinas de importación.

Un Puigdemont que camina por Europa haciéndose pasar por jefe de Estado de una nación ficticia, debería ser llevado a tribunales europeos y sentarle en el banquillo acusado de alta traición. Un señor llamado Quim Torra que luce lazo separatista hasta en el cuarto de baño convocando multitudes para separarse de España, debería ser encausado con arreglo al derecho internacional. Pero aquí somos pacientes y, en el fondo, resignados. No hace falta ser político avezado para darse cuenta de que el separatismo culminará su peregrinaje declarando las Ramblas capital política del Estado catalán. De los desechos nacen flores pero los políticos, en general sofistas en ejercicio, lo que persiguen es el poder a ultranza. El separatismo no sólo pretende el mando total sino su consecuencia. Algunos no sólo son guarrones, julandrones y chismosos, sino que hacen méritos para colocarse ante un pelotón de ejecución, aunque la democracia, como sistema, no vaya por ahí. Los demócratas de corazón gustan de escuchar la musiquilla de serpientes de cascabel. Algunos creen que antes de enviarles al trullo, deben untarles con caviar ruso y Vega Sicilia. O sea, montando negocios desde el móvil y cursando órdenes en ­bañador.

 


Muchos políticos, con excepciones rutilantes, pertenecen a la secta del perro pues la mayoría, filósofos puretas, se afilian a las corrientes dogmáticas y populistas. Sólo a unos pocos les tiemblan las piernas y les florecen rosas entre las manos y amor tardío. Hasta ayer se contentaban con coleccionar pasiones a la sombra herida de candilejas y proyectos. Ahora les da por coleccionar máster, copiando modelazos que merecen un Séneca, un Aristóteles o un Ortega y Gasset. Visto el panorama, habría que preguntarse lo que lamentaba Vargas Llosa: "¿En qué momento se nos jodió el Perú?". Gustave le Bon escribió: "El verdadero progreso democrático no consiste en rebajar la élite al nivel de la plebe, sino en elevar la plebe a la élite". Quién inventó el máster no fue un santo, sino un diablo. Pedro Sánchez, según titulares de prensa, plagió su tesis doctoral, copió a otros autores, fusiló informes del ­Gobierno de Zapatero y volcó en la tesis artículos suyos ya publicados. ¡Osú! El presi reprocha al líder del ­Ciudadanos diciéndole "que su pregunta sobre ello es un lodazal". Parece probado que un ­tribunal de afines otorgó a Sánchez su cum laude y la presión fuerza a Sánchez a difundir su tesis doctoral.

 


Los másteres tienen como objetivo la formación avanzada, especializada o multidisciplinar, dirigida a una especialización académica o profesional o bien la iniciación en actividades investigadoras. Anota Internet que "un máster tiene una duración mínima de 60 créditos y una máxima de 120 ECTS, acabados los cuales se obtendrá un título oficial de Máster". Ahora ministros nuevos y otras gentes relevantes usan los másteres como arma de triunfo y guerra. Presuntamente se obtienen títulos sin actividad académica, sin pisar las aulas ni redactar un simple manual de andar por casa. O estamos tontos o somos hijos de Júpiter. Las supuestas irregularidades del máster de la exministra Carmen Montón parecen equiparables a las de Pablo Casado del PP que obtuvo, presuntamente, el título "sin actividad académica". Incluso parece que se acercan bastante a las del "postgrado fantasma de Cristina Cifuentes", en las que se investiga falsedad documental. ¿Es verdadero o falso que exista un grupo de escogidos a los que se les regalaron estos títulos? Se dice que "sacaban buenas notas sin pasar por ningún examen y saltándose la presencialidad". Voltaire ya ­dijo que "la pasión de ­dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano". Antes bastaba con ser rico y sexy. Ahora hay que exhibir ­máster.

 


No sabe cómo acabará esto. Antes las pasiones anidaban en el corazón de los jeques y multimillonarios. Ahora los políticos las acogen en la almohada de sus camas. No hace mucho los helicópteros doblaban las palmeras y en los casinos sólo había jeques, capos y putas de postín de rubias melenas. Ahora las pitonisas se aburren y ya no llegan los visires que dejan a los camareros 1.000 euros de propina. El maestro Raúl del Pozo escribió que las gaviotas ya no son pañuelos que dicen adiós. Ni las niñas malas enseñan los senos como las vírgenes de la Edad Media. Ludópatas, sonacas y lanchas veloces con droga traginan en las costas del Sur. Por las Cámaras legislativas, foros universitarios y lugares de pasta y dominio, unos cuantos mienten a lo grande, simulan títulos que no tienen y sólo escuchan disparos al aire de kalashnikov. Estamos tan perdidos que hasta los restos de Franco serán exhumados. Los muertos ni resucitan ni protestan. Ni elaboran másteres.