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JOSÉ ANTONIO PENA BEIROA

Las dudas sobre Lagarde

14.07.2019 
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EL Banco Central Europeo (BCE), establecido por el Tratado de Maastricht en 1998, tiene entre sus principales tareas definir y ejecutar la política monetaria de la zona euro. Como prueba de su trascendencia baste señalar que la posición total alcanzada por el banco en el mercado de deuda pública asciende a la astronómica cifra de 260.000 millones de euros.
Según Alberto Ruiz Ojeda en la actualidad su poder ya trasciende al previsto en sus objetivos fundacionales, pues ha procedido a la monetización de los déficits públicos de la Eurozona, alterando por completo su definición organizativa y competencial, su independencia de los Gobiernos y la separación entre la política monetaria y la política fiscal. Sin embargo ese proceder fue admitido incluso por el TJUE, que en su sentencia sobre el asunto Weiss valida los programas de compra de deuda soberana.
El BCE está presidido por el italiano Mario Draghi, quien inspirándose en el presidente de la FED Ben Bernake, impulsó los programas de compra de bonos soberanos, que permitirían la estabilización de los mercados financieros y la salida de la segunda recesión. Tanto este como sus dos predecesores Wim Duisenberg y Jean-Claude Trichet, son economistas de formación y provienen del sector financiero. Fueron gobernadores de los bancos centrales de sus países, Italia, Holanda y Francia.
Ahora que finaliza el mandato de Draghi, el parlamento europeo refrendará a la nominada Christine Lagarde, actual responsable del FMI, como nueva presidenta del BCE a partir de noviembre. Se trata de una designación sorprendente. No tanto por las dudas sobre sus decisiones en el affaire de Bernard Tapie y el Crédit Lyonnais, entidad que también había comprometido el buen nombre del otro francés que presidió el BCE, Jean-Claude Trichet, pero de las que ambos salieron indemnes. Como por sus carencias formativas, es abogada, y no se le conocen los elevados conocimientos de política monetaria necesarios para el cargo.
Pero, en mi opinión, fundamentalmente por su inexperiencia en la gestión de entidades financieras o bancos centrales, lo que debiera ser un requisito para acceder a esta responsabilidad. No olvidemos que Trichet, pese a su experiencia, fue incapaz de impedir la segunda recesión.
Concedámosle el beneficio de la duda. No sería la primera vez que modificase sus rígidos postulados neoliberales. De ella dijo Antón Costas que, siendo la responsable económica del Gobierno de Nicolás Sarkozy, pasó de ser profeta del austericidio compulsivo a, en el FMI, apóstol del pragmatismo económico y defensora de las políticas de estímulo para salir de la recesión y del desempleo masivo. Que en el BCE sea ángel y no demonio.
Economista