El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Elixio y México

16.09.2018 
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LA MUERTE de Elixio Villaverde me sorprendió a última hora del sábado y me dejó ese sabor amargo que dejan las injusticias y las malas noticias. Hacía tiempo que no nos encontrábamos, después de habernos conocido hace casi treinta años. Desde el primer minuto, Elixio Villaverde te ponía en contacto con todas sus pasiones. Culturalmente, muchísimas. Era capaz de apasionarse con cualquier historia, con cualquier libro, con cualquier autor, y, desde luego, con la Historia con mayúsculas. Tenía una cosmovisión extraordinaria de Galicia, de sus hombres y mujeres más notables, y una gran habilidad para describir cualquier momento de la historia de este país a través de todas sus manifestaciones intelectuales. Conocía mucho de primera mano: llevado por su pasión investigadora, sus contactos innumerables, y ese gusto por vivir los acontecimientos en directo. Construía su conocimiento como un oleaje. Como un oleaje que traía sorpresas y palabras que a veces no estaban en los libros, pero, a pesar de sus numerosas publicaciones, Villaverde era más una persona de afectos y personas. Le gustaba sentir la Historia, tocarla y verla, le gustaba estar en los escenarios donde las cosas habían ocurrido, en las casas de la gente, se emocionaba con los relatos domésticos de la emigración, amaba la pintura, sentía veneración por esas biografías amasadas con sudor y lágrimas, tan de nuestra tierra.

Recuerdo muchas conversaciones con él sobre las historias que quedarían cubiertas por el olvido o por la desmemoria. Las que no se contarían, muy a su pesar. Cada persona, sobre todo las que conoció en sus múltiples viajes a México, tenía prácticamente un libro en potencia. Sus investigaciones sobre la emigración gallega son muy conocidas, pero él las vivía casi como una obligación, porque había nacido en O Irixo, y eso le marcó definitivamente. Del cosmopolitismo mexicano me hablaba, con su verbo torrencial, inaplazable: no había espacio para tantas cosas como quería decirte. Todas le parecían fascinantes. La transmisión oral de la experiencia emigrante fue uno de sus grandes campos. Aún recuerdo su emoción cuando publicó ‘Pioneiros na corrente do Golfo: a primeira emigración galega a México’ (Xerais), un libro que es hoy una referencia para los estudios migratorios. Después, recibió el premio Vicente Risco. Pero, aunque pueda ser fácil decirlo en el día de su desaparición, creo que Elixio Villaverde hubiera merecido mucho más.

Su capacidad para ahondar en el pasado emigrante de Galicia, y en las figuras del exilio, en medio del gigantismo de México se mezclaba con su vinculación con el mundo rural más cercano, con el activismo cultural, que te contaba siempre con detalle. Estaba orgulloso de lo que había creado en lugares como Ortigueira o el Barbanza, y no recuerdo ni una sola vez en la que no tuviera un proyecto en marcha. Siempre le agradecí que fuera un lector habitual de estas líneas, y de la relación entre televisión e historia hablamos muchas veces: lo de los gallegos por el mundo le parecía un territorio fundamental para comprender este país. Hay, a buen seguro, muchas historias grandiosas por contar. Pero él contó muchas, siempre de primera mano, con emoción, porque no entendía la historia de otra manera.