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JAIME BARREIRO GIL

Es hora de volver al asunto

16.01.2020 
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NO se puede negar que esta vez la formación de un nuevo Gobierno llega plagada de novedades, habiendo sido la primera su propia gestación como un Gobierno de coalición, cosa que no es nueva en la historia contemporánea de España pero si desde la restauración de la democracia para acá.

Luego, los periodistas, y que me perdonen por señalarlos, se entretienen mucho con aspectos exclusivamente formales: que si son muchas o pocas las vicepresidencias, que si esta vez hay más o menos mujeres tanto en el Gobierno mismo como en sus equipos secundarios, que si Pedro Sánchez ha intentado opacar un poquito a Pablo Iglesias o si no, y hasta qué tipo de insignias llevaban en la solapa algunos de los nuevos ministros en el acto de aceptar ante el rey su nombramiento.

Y todas esas, aunque distraigan al personal, no son las cuestiones principales. Lo que importa, aunque sea lo más aburrido en toda esta representación, es, programa y pactos en mano, recordar a qué se comprometió Padro Sánchez y, por ende, el Gobierno que preside, y ponerse a estar atento, evaluando con rigor, echando cuentas, incluso, si se quiere, en qué forma y con qué ritmo se cumple lo apalabrado.

En estos primeros días es probable que se vayan dando a conocer decisiones orientadas a confirmar la esencia emblemática del nuevo Gobierno en esta misma dirección, como por ejemplo la actualización de las pensiones. Pero pronto habrá un momento especialmente importante para saber, no tanto con qué quieran llamarnos la atención, sino por donde van a ir en serio los tiros de esta batalla: el Gobierno, de manera casi inmediata, tendrá que presentar sus primeros presupuestos, y ahí estará negro sobre blanco su hoja de ruta.

Les ruego encarecidamente que presten más atención a esta parte del asunto. El país no se la juega en las mesas de tertulia, sino en las de trabajo. Y ¡ah!: desconfíen de cualquiera de esos que tienen la lengua desatada, que se forman rapidísimamente opiniones y criterios, como si eso fuese tan fácil.

Piensen por un momento en que si las cosas fuesen tan evidentes como ellos dicen, entonces todos nosotros deberíamos aceptar ser completamente estúpidos, por no ser capaces de arreglarlas. Y yo creo que estúpidos no deben serlo ni los del Gobierno ni los de la oposición. Ni los tertulianos y columnistas, claro. Aunque pueda haber de todo.

Háganme caso. Después de tantos meses de inquietud y hasta iba a decir que de zozobra, ha llegado el momento de volver al asunto. Tomarse al país en serio y dejarse de liortas. Esta es la tarea.

Doctor en Economía