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NOSOTROS Y CÍA

ÁNGEL ORGAZ

Qué esquiva resulta la suerte para los pobres

09.12.2018 
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No se lo van a creer, pero me parece que me estoy provocando artrosis en mis dedos índice y corazón de tanto tenerlos cruzados. Es que de este año no puede pasar que me toque la lotería, más concretamente el Gordo de Navidad, ese de la publicidad horrorosa.

Yo no es que fuera fan del calvo protagonista de los anuncios, Clive Arindell, pero mejores sketchs que los de ahora creo que sí eran. No sé, resultaban más entrañables y, desde luego, menos cursis.

Y eso que la idea para el de este año resulta original y está bien dirigida por Javier Ruiz Caldera e interpretada por el actor Luis Bermejo, uno de los buenos aunque lamentablemente no demasiado populares de nuestra escena patria.

La verdad, es que da igual que la estrella sea Raphael, Arandell o Justino. Lo que quiero es que me toque y por eso este año me voy a dejar un dineral (más de cien euros, ¡hala!) en décimos y participaciones. Al final para llevarme una pedrea y con un poco de suerte recuperar lo jugado.

¡Qué no!, que este año no quiero eso, ni que me hablen de la salud. ¡Quiero que me toque la Lotería!, la de Navidad, el Gordo de los Gordos, un feixe de millones de euros.

Y ese deseo irrefenable porque a estas alturas -no va sin tiempo-, me he dado cuenta de que no nací para hacerme rico trabajando. Que sí, que trabajo, trabajé y trabajaré mucho, y los dioses me fueron propicios, pero no tanto como yo hubiera deseado.

¡Qué peligro! Que la avaricia rompe el saco, dice el refranero popular.

Pero miren, de mis ansias tienen la culpa José Luis Rodríguez ZapateroMariano Rajoy y Pedro Sánchez, por ahora, en el futuro ya veremos, que son los culpables de habernos alargado la jubilación a los 67 años e impedirnos disfrutar de un merecido retiro tras más de 35 años trabajados, por ahora.

Además, me temo que quieren exprimirnos aún más y sospecho que antes de que me jubile, tensarán un poco más la cuerda y retrasarán aún más el esperado descanso.

Y todo eso al parecer porque hay que adecuar la edad laboral a la esperanza de vida, es decir, trabajar hasta poquito antes de que te vayas para el otro barrio, seguir currando hasta que estés prácticamente gagá o no te encuentres en condiciones de disfrutar de esperado y maravilloso ocio.

Y lo que más me j... (ven qué fino estoy), es que haya tanto joven parado, sin oportunidad de trabajar, sin opción a soñar con una pensión de jubilación en el futuro; tantos españoles frustrados, viviendo con sus padres y de sus padres a edades indecentes. Y nosotros, los mayores, dándolo todo y mucho más.

Lo que más lamento es que aunque me tocara el Gordo tendría capacidad para cambiar nuestro mundo, bueno, mi mundo. Sí, trocar esa España en la que las extremas derecha e izquierda ganan espacio, y nuestros políticos de siempre, esos que se llaman constitucionalistas, son incapaces de satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

También me jo... (¡qué delicado!) que la gran mayoría de los españoles aún desconozcan qué es lo que está dispuesto a dar el presidente del Gobierno a los independentistas e inconstitucionalistas catalanes, a HB y a quién se le ponga a tiro, a cambio de poder aprobar los Presupuestos Generales del Estado del año que viene, y así poder seguir viviendo en la Moncloa y viajando cómo nunca se pudo imaginar.

Me jod... mucho las sentencias como la de la Audiencia de Navarra y la ratificación de su fallo por parte del Tribunal Superior de Justicia de esa comunidad autónoma sobre la violación de una joven en los Sanfermines por parte de los cinco salvajes individuos de La Manada.

Y me jod... (ya me empiezo a pasar, ¿verdad?), a mí y a cientos de millones de europeos, que los daneses vayan a internar en una isla a los inmigrantes que no quieren, que los encierren como en un lazareto, posiblemente bien acondicionado, pero que al fin y al cabo recluidos como en una vergonzosa cuarentena.

Y también en Europa me da miedo que las extremas izquierda y derecha se unan en Italia para dejar su país y el resto del contienente manga por hombro.

Ya ven, qué mal hablado; pero cuántas cosas me joden. ¿Y a usted?

EL AUTOR ES PERIODISTA