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FERNANDO LUSSÓN

Resiste la Carta Magna

06.12.2018 
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LA irrupción de Vox por primera vez en una institución de representación ciudadana viene a añadir un factor más de inquietud a la celebración del cuadragésimo aniversario de la Constitución, que ya se presentaba bastante complicado como consecuencia del desafío independentista catalán y su repercusión sobre todo el modelo territorial que forjó, por el debate forzado sobre el modelo de Estado promovido por Podemos, por la necesidad de una reforma que afiance el pacto intergeneracional y, al mismo tiempo que la pone al día, dé entrada a derechos de segunda generación recogidos ya en otros estatutos de autonomía y que consolide los ya adquiridos con su aprobación. Un cumpleaños que debiera ser una fiesta, como ha ocurrido en decenios anteriores, es ahora un motivo de preocupación.

Aunque es preciso tener cuidado con los expendedores de carnés de constitucionalidad -recientemente el PP le retiró la condición de partido constitucional al PSOE-, el entramado surgido de la Constitución de 1978 nunca ha estado amenazado desde tantos flancos: por quienes no desean que se mueva ni una coma y por quienes quieren destruir sus fundamentos. Y sin embargo sigue siendo el texto fundamental y fundacional que ordena la vida nacional y que con más o menso achaques por la edad sigue su camino. Negarse a su reforma es sinónimo de la incapacidad de los líderes políticos actuales, por miedo o por desidia, de realizar un ejercicio de compromiso con la ciudadanía y de valentía que puede suponer renuncias de todos para llegar a acuerdos.

Suele decirse que los dirigentes actuales no están a la altura de los que lograron ponerse de acuerdo viniendo desde posiciones distantes, desde el antiguo régimen al exilio, para alcanzar el consenso constitucional. Lo cierto es que también había muchos novatos para un objetivo tan importante. Pero sobre todo había unas condiciones políticas que no tenían parangón. Los políticos actuales se pueden permitir desechar el acuerdo porque la Constitución estableció sus mecanismos de defensa y a pesar de las tribulaciones que origina el proceso independentista y de que se atraviese la mayor crisis política desde el golpe de Estado del 23-F, los poderes que ordena funcionan de forma adecuada y todos los pilares constitucionales están garantizados. A izquierda y derecha se sitúan partidos que están en el límite constitucional y protegidos por la propia Constitución. Pero vigilados por el Código Penal.

Es una buena noticia que los principales líderes de Unidos Podemos, asistan a los actos conmemorativos organizados en el Congreso aunque luzcan símbolos republicanos en uso de la constitucional libertad de expresión, y se equivocan quienes no asistan con razones más o menos peregrinas. Para los descontentos, tratar de mejorar la Carta Magna está en la reforma constitucional.

Periodista