El Correo Gallego

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TRIBUNA LIBRE

FERNANDO SANTOS

Gracias por confiar en nosotros. Responsabilidad

22.03.2020 
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Me piden que desde dentro del sistema exprese los sentimientos que los profesionales sanitarios tenemos en momentos de exigencia máxima..., este es uno de ellos. Que describa que pasa por nuestra cabeza, por nuestro corazón, cuando nos enfrentamos, como cada día, a situaciones extremas en que las que tenemos que decidir qué hacer y que la consecuencia de nuestras acciones traen efectos adversos..., incluso la no vida. El tiempo, la experiencia, la necesidad, la presión te fuerza a distanciarte del componente más humano del paciente y a llenar tu cabeza con datos, lo más objetivos, que te permiten tomar decisiones basadas en la evidencia científica con el objeto de asegurar la calidad de tu asistencia y sobre todo la viabilidad de la curación. Pero al otro lado hay una vida, una carga emocional, un futuro, unos deseos.... Ahora más que nunca no queremos saberlos, los tendremos en cuenta en cambio.

La dimensión del médico, nunca ha sido bien entendida, y este es un buen ejemplo.... Necesita respeto, reconocimiento, dimensión, remuneración y formación; en este último caso y en situaciones como estas, además de manera rápida, efectiva y ajustada. Llevamos semanas a través de nuestras sociedades médicas y de nuestros múltiples contactos internacionales, sabiendo lo difícil de la situación en países amigos: médicos y resto de sanitarios enfermos y muertos; viviendo en sus hospitales durante días para evitar el contagio de sus familias; descansando lo mínimo para recargar energía y desenturbiar la mente, viendo enfermos, desempolvado máquinas, reutilizando aparataje, ubicando enfermos y sobre todo analizando acciones, objetivando resultados, decidiendo sobre el tratamiento o no tratamiento al enfermo no rescatable, elaborando protocolos cambiantes para que la rapidez y la eficacia aumente, al tiempo que buscando opciones terapéuticas (a veces impensables, nuevas, distintas, no probadas); inventado espacios, reorientado esfuerzos -todos sabemos de infecciones ahora- , descubriendo al tiempo que la enfermedad ataca, y te vence... pero con el único objetivo de vencerla. Suplicando a administraciones, farmacéuticas y sociedades que nos ayuden.... Todo a la vez.

La administración debe sincronizar esfuerzos y supeditarse a las indicaciones de los técnicos, deben prevalecer el interés de la asistencia grave; indignante será si se sigue desoyendo a quienes han de asumir la curación. A las farmacéuticas que ponga a disposición de los estados todos los medios de almacenaje, producción e investigación base para la resolución rápida del problema; es ineludible también su responsabilidad. A la sociedad,... a esta sociedad de redes, de hedonismo y de supremacía frente a la enfermedad, de consumo insaciable de ocio, que sigan estrictamente las recomendaciones sobre la prevención de la infección y sobre las indicaciones médicas una vez infectados; todos y cada uno seremos responsables del fracaso del esfuerzo del sanitario de a pie en caso de no cumplirlo. No nos hagan llorar.

Nos da igual lo que los gestores digan o piensen, lo que la sociedad exija: en el momento final de tomar la decisión sobre el tratamiento o no tratamiento del enfermo, estamos allí solos, ante la gran dimensión humana del paciente, más grande que nosotros y más grande que nuestros pobres conocimientos, siempre. En momentos como este, esto se hace tan necesario en número y tan obligatoriamente eficiente que caemos en el automatismo. Datos y más datos, exploraciones, entrevistas a pacientes y familiares, historia de la enfermedad,... necesitamos tener todos los datos, para diseñar un tratamiento, establecer un pronóstico, medir la esperanza que tenemos que dar a sus familiares y de las que nos hacen responsables, incluirlo en nuestros resultados y protocolos, auditar el resultado de nuestras propias decisiones y esto tan rápido como una turbina de un motor eléctrico porque el virus infecta más rápido que nosotros podemos curarlo.

Lloramos, pero puedo decir que no lloramos de tristeza, lloramos de orgullo, de ver como cada eslabón de la cadena sanitaria base, dentro y fuera del hospital se sincroniza y se lubrica a una rapidez pasmosa: como un médico ayuda a un celador y el celador al médico y todos somos uno y todos corremos y todos pensamos y todos cambiamos y todos gritamos y todos perdemos y al final..., muchas veces, todos ganamos. Lloramos de y por la intensidad del esfuerzo, por la ilusión, por la ausencia de desaliento y de cansancio, por los resultados,... por el trabajo bien hecho. A veces lloramos solos al final de un pasillo, cerca de una ventana, porque alguien -el enfermo o la familia-, no nos han entendido o nos han culpado o simplemente no ha salido como queríamos que saliese.... Cuando sale bien, reímos, reímos todos, también las familias, pero en el fondo.... lloramos solos, también en la ventana... se olvidará el esfuerzo; reirá la sociedad, reirá la administración.

No tengan ninguna duda que esta pandemia pasará y provocará sufrimiento y dolor, pero mitigado y minimizado por la responsabilidad de los que decidimos dedicarnos a curar enfermos. La esperanza está en la calidad y capacidad de todos aquellos que los recibirán siempre con una sonrisa en la puerta del hospital si necesita acudir a él; está en la mano de quien lo desnuda y le coloca los primeros aditamentos médicos; está en el fonendoscopio y la sonrisa del médico que apoya ese aparato para ver si el virus está o no en sus alveolos pulmonares. La esperanza está en que cada uno de los que han decidido asumir la responsabilidad de curarlo, sabrán hacerlo y además servirá para aprender a salvar a otros, mejor. Gracias por confiar en nosotros. Reiré, pero lloraré en la ventana.

CIRUJANO