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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Frío y rebajas

12.01.2019 
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HAY también noticias a piñón fijo. Umbral decía que había que hacer todos los años la columna de las rebajas, pero eso era cuando sólo había rebajas fetén durante la cuesta de enero. Esos términos van quedando caducos, ahora que el lenguaje viaja en alta velocidad, por lo que veo. Ya casi no merece la pena subir palabras nuevas al diccionario, porque para cuando las subes (como se dice en la neolengua digital) ya han entrado en combustión. Las rebajas eran una bendición del año nuevo, como lo era la colonia de Reyes, mientras duraba. Ahora hay mucho Black Friday, tan anglo, y los descuentos de antes y después, los de verano y preverano, los de la caída de la hoja, etcétera, así que la rebaja se ha quedado con nosotros para siempre. Porque lo queremos todo y lo queremos ahora. Ya no es fácil distinguir, ya todo se va igualando, así que las viejas imágenes de la gente entrando en los grandes almacenes como el agua cuando se rompe un dique ya no se estilan en los telediarios. Creo que la BBC las ponía de Harrods, pero a lo mejor lo he soñado. Ahora con el Brexit ya no hay tiempo para disfrutar de nada. Se esta haciendo mucha política de saldo y de remate.

Las rebajas son como para el programa de Ana Pastor, ya lo decíamos ayer: '¿Dónde estabas entonces?' Pues en las rebajas, naturalmente. Un lugar de encuentro y de encontronazo, según el género que hubiera a disposición. Se mascaba la tragedia, pero ahora todos van de tranquis. En La Sexta vi a una señora con bastón entrando en primer lugar, como si tal cosa. No tuvo que blandir un par de medias para abrirse hueco, que diría Mota. Ahora todo es diferente, pero lo que sucede es que las rebajas de enero son una tradición, como lo es la Lotería de Navidad. Hay lotería todo el año y rebajas todo el año, pero, por lo que sea, no es lo mismo. Bueno, eso creo. Dicen que la modernidad compulsiva consiste en darnos mucho de todo, y todo el tiempo: rebajas, concursos de talento y fútbol, por ejemplo. También ha ganado impulso todo lo que tensione, preocupe o alarme, con razón o sin ella. Ya no nos conformaos con las cosas de temporada, ni con las frutas de temporada. Ni con las rebajas de temporada.

Junto con los descuentos llega el frío, que es un tema predilecto de las televisiones, quizás porque saben que es de lo que vamos a hablar en el ascensor con los vecinos. No sólo hay que saber que hace mucho frío, en general, sino soltar alguna temperatura potente bajo cero, para crear ambiente. En las pantallas los programas del tiempo son ahora un lujazo, divertidos, con mucha isobara de la buena, presentadores fetén, como nuestro Barreiro, que da en cámara para galán de serie de época, no sólo para Telepasión. O mi favorita, Silvia Laplana, madrugando con fotos de rocío. Brasero, resulta evidente, tendrá que arrasar en estos días gélidos: en realidad, es una de las figuras indiscutibles del género, haga frío o calor.

Si encuentran la realidad embarazosa, estresante, ininteligible o, en ocasiones, surrealista, tiren del frío intenso (y la lluvia escasa), ya verán como salen airosos. La vida sigue mientras caen las heladas formidables sobre la España interior y vacía, mientras llega el invierno, y mientras a veces se hiela nuestro corazón.