El Correo Gallego

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POLÍTICAS DE BABEL

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Gobierno e intereses ciudadanos

23.02.2020 
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ESTOY convencido de que cuando ciertos políticos llegan al poder, sufren algún tipo de obnubilación mental que les hace ver a los ciudadanos, e incluso a sus propios votantes, como seres cándidos, maleables y necesitados de consejo crítico y racional; marionetas dependientes del sabio criterio de quienes manejan los resortes de las grandes acciones y decisiones. Prueba de ello es el modo en que, durante estos últimos días, hemos visto cómo algunos miembros del Gobierno se arrogan el derecho de decidir qué resulta interesante y qué no para la opinión pública.

Y aunque es innegable que cada cual es fruto de sus circunstancias, e incluso que nuestros intereses e inquietudes dicen mucho de nosotros social, política e ideológicamente, me parece injusto que aquellos que nos representan nos infantilicen de un modo tan burdo y simplón. Esto se hace evidente cuando desde según qué carteras del Ejecutivo hasta se pretende orientar la labor informativa de quienes (los periodistas) velan por aportar certidumbre sobre aspectos que interesan a una sociedad al menos tan variopinta como los partidos políticos que nos gobiernan en atípica coalición.

Los ciudadanos en general y, créanme, también muchos votantes de la izquierda española, desean saber hasta qué punto está justificado nuestro cambio de criterio relativo a no reconocer a Juan Guaidó como presidente interino encargado de Venezuela; a qué han venido las inquietantes versiones sobre el tránsito de Delcy Rodríguez en territorio español; por qué no se pueden investigar, desde la arena política, los abusos a menores en Baleares; o qué necesidad había de generar dudas sobre la Fiscalía General del Estado postulando a la exministra de Justicia, Dolores Delgado, para un puesto de tanta relevancia y que muchos estarían siempre prestos a criticar por esas declaraciones y escuchas improcedentes que todos conocemos.

Varios barones socialistas lo lamentan. Y aquellos que aspiran a mantener o a conquistar gobiernos autonómicos lo sufren en primera persona. Si a ello le añadimos el evidente sometimiento político, económico, administrativo y hasta (Dios no lo quiera) legislativo a las exigencias del independentismo catalán (reforma del código penal y mesa de negociación incluidos); el trato de favor evidenciado con el País Vasco; y el injusto castigo impuesto, por ejemplo, a una Comunidad leal y cumplidora como la gallega, no es de extrañar que incluso en el noroeste peninsular, y ante las elecciones del próximo 5 de abril, sean muchos los votantes de izquierda dispuestos a apostar, sin que les tiemble el pulso, por un Alberto Núñez Feijóo que, hoy por hoy, parece representar ese sentidiño gallego, o ese seny catalán, que nuestra mayoritaria, diversa y orgullosa de su singularidad sociedad española, desea reclamar y reivindicar.

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