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a son de mar

JUAN SALGADO

Gobierno, los minutos de la basura

10.08.2019 
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EN EL ARGOT baloncestístico se alude con frecuencia a los minutos de la basura para referirse al tiempo que resta para concluir un partido cuyo resultado se da por resuelto dadas las diferencias en el marcador y la imposibilidad manifiesta de que en el poco tiempo restante pueda dársele la vuelta al marcador. Son momentos en los que los entrenadores, decantado ya el triunfo a favor de uno de los contendientes, se dedican a experimentar con nuevos planteamientos tácticos y jugadores de banquillo de cara a futuros compromisos. Puro ensayo.

Trasladado al mundo de la política y al singular momento que vive España, no cabe duda de que en la utópica esperanza de contar con un Gobierno fruto de una nueva sesión de investidura estamos también en los momentos de la basura dada la imposibilidad de que se logre un pacto entre PSOE y Podemos que posibilite una candidatura de consenso.

Ello es así por la negativa de Pedro Sánchez -antes, durante y después de la fracasada investidura- de conformar el Gobierno de coalición que le demandaba Pablo Iglesias, el portavoz cuyo discurso se reveló como el más coherente con su propia ideología y con las propuestas que defiende. Lo que no es poco hablando de la política de ahora mismo.

En la desigual partida de ambicionar el poder -Sánchez- y aplicar políticas de izquierda -Iglesias- el podemita llevó las de perder por cuanto todas las ofertas que se le hicieron estaban vacías de contenido, lo que hacía imposible la pretendida puesta en práctica de sus propuestas.

Que la cosa iba y va de elecciones ofrece pocas dudas. Analícense, sino, algunas evidencias:

Insólito que Sánchez se presentase a una investidura sin haber negociado un solo apoyo -con excepción del diputado cántabro-. Más insólito aún resulta que en su discurso el candidato apenas aludiera a una sola medida concreta de su futuro Gobierno.

De igual modo, antes, durante y después Pedro Sánchez no abandonó su discurso victimista de culpar a toda la oposición -derecha e izquierda incluidas- de la previsible frustración de su investidura, mantra que sigue repitiendo a la par que descalifica al contrario de quien supuestamente demanda ayuda. ¿En qué manual de negociaciones aprendió dicha táctica?

Ahora mismo, el frenesí propagandístico desplegado por Sánchez y sus ministros -hasta ocho de ellos tuvieron actividades mediáticas este jueves, en un día del vacacional mes de agosto- deja a las claras que la aspiración de Sánchez no es otra que la de nuevas elecciones el 10-N.

A ese mismo propósito responde, por contradictorio que resulte, el programa que Sánchez -que ni siquiera es ya candidato- dice estar negociando con representantes de la sociedad civil de cara a elaborar un texto que, en la programada táctica de barrer del mapa a Podemos, no es sino un regalo envenenado para la formación de Iglesias -IU, ni se entera-.

Puede que al final, y como ya se observa en demasiados medios de comunicación, Sánchez logre su propósito de imponer su relato demonizador de la oposición y logre la caída electoral de Podemos. Pero ello no hace sino ratificar lo que los ciudadanos tenemos ya asumido; que la única ambición de Sánchez es su propia persona y su insaciable ansia de poder a cualquier precio. Incluido el ninguneo que para la ciudadanía representaría un nuevo paso por las urnas.

jsalgado@telefonica.net