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El Correo Gallego

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al norte

JAIME RODRÍGUEZ-ARANA

Ideologías cerradas

25.06.2019 
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LA vigencia de las ideologías cerradas, ahora bajo formas de radicalismo reivindicativo, está más viva que nunca. La pretensión de imponer unilateralmente modelos teóricos sobre la realidad ya hemos visto a dónde nos ha conducido en la Europa del siglo pasado. A pesar de ello, el neototalitarismo de uno u otro signos, escondido en buena parte de los nuevos movimientos que aspiran a derribar la política tradicional, es quien lidera la lucha contra las injusticias de la globalización y, sobre todo, quien aspira, a través del uso fraudulento de las instituciones de la democracia liberal, a implantar un nuevo totalitarismo.

El nacional-socialismo, erradicado felizmente de la faz de la tierra, reaparece, en lo que atiende a la doctrina sobre la nación y la raza, bajo los nacionalismos radicales que pretenden liberar a la nación de una opresión que artificial-mente se crea, con ocasión y sin ella. Y, por otra parte, el comunismo y el marxismo se encuentran bajo la piel de algunos movimientos que están sabiendo hábilmente manejar el descontento reinante ha-cia formas de protesta que van dirigidas a donde todos sabemos.

La demagogia, gracias a la mala administración y gestión de los asuntos del interés general, vuelve por sus fueros porque la capacidad de sometimiento del pueblo a los dictados de la poderosa tecnoestructura que se ha apoderado del poder, ha empezado a hacer agua. El poder es del pueblo, de todos y cada uno de los ciudadanos. En ellos reside y en ellos está su justo título.

Que el poder se haya confiado temporalmente a los políticos para que se use para la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, no quiere decir que el poder pueda ser objeto de apropiación de la llamada clase política. Hoy, sin embargo, este fenómeno nos indica hasta qué punto conviene regresar a las bases éticas de la democracia, tan desconocidas en la realidad, como afirmadas en la retórica política.

En efecto, seguimos dominados por la estela de las viejas políticas, por las políticas del odio y el resentimiento, las políticas anti, políticas dirigidas a derrocar como sea al adversario. Se trata, sencillamente, de la hegemonía del pensamiento único, del autoritarismo intelectual: de la nueva moda a la que lleva esa dictadura de lo políticamente correcto tan del gusto de quienes se sienten convocados por una especial llamada a imponer los dogmas de esa nueva política que donde gobierna no hace más que dividir, etiquetar y fraccionar al pueblo.

Pero de gestionar el espacio público para todos y sobre todo para la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, nada de nada. No hay más que ver la calidad de la gestión de algunos servicios públicos en determinados espacios territoriales para entender lo que hay detrás de las ideologías cerradas. Mucho ruido y pocas nueces.

Catedrático de Derecho Administrativo