El Correo Gallego

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EDITORIAL

BEATRIZ CASTRO

La impagable labor social de la Iglesia

09.11.2019 
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CRITICAR a la Iglesia católica es, desde hace mucho tiempo, un deporte que cuenta con infinidad de seguidores. Existe, en este sentido, una especie de manual de instrucciones que siguen a rajatabla quienes desean formar parte de los llamados círculos progresistas y resulta muy difícil encontrar a personas de izquierdas que hablen bien del estamento eclesiástico. Se trata de una ecuación mental muy difícil de explicar si tenemos en cuenta la enorme función social que realiza la Iglesia en España y en todo el mundo, pero es un hecho cierto que quienes, en teoría, más deberían aplaudir y apoyar dichas tareas son, curiosamente, los más reacios a colaborar y también los más activos a la hora de hacer campaña en contra de los fondos públicos y las ayudas privadas que recibe el estamento. Sobre este particular, la Diócesis de Santiago acaba de hacer público su balance económico del pasado año y lo más destacable del mismo es que la partida de mayor cuantía, casi el 30 % de diecinueve millones de euros, se destinó a labores asistenciales. Es decir, a mantener comedores económicos, albergues para personas sin techo y colectivos que, como Cáritas, trabajan a destajo con el fin de intentar proporcionar ropa, alimentos y todo tipo de bienes básicos a numerosísimas familias que viven al límite. Como resultado de ese despliegue solidario, la Iglesia compostelana se tuvo que enfrentar a gastos que superaron en más de dos millones de euros a los ingresos, que además se vieron reducidos en un 5 % en lo tocante a las aportaciones de particulares. Cada cual puede pensar lo que quiera, faltaría más, sobre este particular, pero los hechos son innegables y todos nos deberíamos preguntar qué pasaría si la enorme legión de voluntarios católicos diese un portazo a la infinidad de centros sociales que mantienen. El Estado, seguro, se vería desbordado, y muchos miles de desfavorecidos vivirían mucho peor. Entonces, ¿qué tiene de progresista no ayudar a la Iglesia? Ahí tenemos, sin duda, otro misterio insondable.

 PERIODISTA