El Correo Gallego

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POLÍTICAS DE BABEL

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Irán debe escuchar a Trump

11.08.2018 
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ME sorprende el modo en que una parte de la comunidad internacional ha reaccionado a las sanciones impuestas a Irán por parte de Estados Unidos tras el anuncio de ruptura del acuerdo pactado en 2015 entre EE UU, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania en torno al memorándum P5+1 JCPOA. A estas alturas ya deberíamos saber que todo pacto es susceptible de ser revisado y mejorado; y abundan ejemplos en los que la decisión consensuada entre varios partícipes débiles, o la presión ejercida por la potencia hegemónica, ha propiciado enmiendas, revisiones, rectificaciones y ampliaciones diversas que más tarde fueron debidamente ratificadas. Cualquier pacto, por esencial o relevante que sea, es, por tanto, modificable, siempre que una de las partes entienda que sus intereses o sus análisis razonados así lo indiquen y aconsejen. Y este es el caso, justamente, del Joint Comprehensive Plan of Action, creado el 14 de julio de 2015, e implementado de manera efectiva desde enero de 2016.

Con todo, conviene recordar que la decisión de Donald Trump no es ni súbita ni improvisada. Bien al contrario, y como ya pudimos explicar aquí, responde a un anuncio y a una desconfianza advertida por el propio Presidente estadounidense durante sus días de campaña electoral. Además, y como también tuvimos oportunidad de señalar en mayo (Trump, Irán y pactos revisables, ECG 12/05/2018), el Acuerdo no parecía asegurar a largo plazo la desnuclearización de Irán, ni ponía restricciones a sus programas balísticos y armamentísticos. De hecho, ni siquiera impedía, de manera explícita, la injerencia de Irán en conflictos tan sensibles como el de Siria o el de Yemen. Así lo advirtió el propio Trump ante el Capitolio en noviembre ya de 2017.

Ahora, aquellas propuestas de renegociación han cobrado nueva vida. Y las sanciones contra Teherán afectarán a sectores tan dispares como el energético, el agrícola, el médico y hasta el monetario. Paradójicamente, son numerosos los sectores estratégicos del ámbito social, cultural y económico de la República Islámica que culpan tanto al Presidente Hasan Rohaní, como al Líder Supremo Alí Jamenei, de no haber sabido revisar un Pacto susceptible de ser razonablemente matizado. Además, el amiguismo gubernamental, la excesiva e interesada burocracia empresarial, la brecha social, el paro y los vicios de la productividad y la inversión interior del país, constituyen la diana sobre la que se clavan las críticas de los sectores más jóvenes y preparados de una antigua Persia llena de posibilidades, como también apuntamos aquí (Trump no se fía de Irán, ECG 19/02/2017). Ojalá este desacuerdo anunciado pueda rectificarse. La siempre brillante y emprendedora juventud iraní, cuyos méritos conozco sobradamente desde hace años, se lo merece.

www.josemanuelestevezsaa.com