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JAIME BARREIRO GIL

Y ahora vuelve Mas

27.02.2020 
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EN Cataluña hay un presidente de la Generalidad en el ejercicio de su puesto, al menos por ahora. Y otro que no está en él pero se desempeña desde fuera del país como sí lo estuviese. Pero lo curioso es que el presidente que sí está ocupando el cargo opera cotidianamente según le inspira e incluso insta el ausente. Como si el que es fuese mera imagen falsaria del que no es. Una tergiversación vergonzante de las prerrogativas de cada uno, que hunden en el descrétido a la propia institución que representan.

Y por si eso fuese poco, que dista de serlo, en no más de algunas semanas entrarán en escena los que, como candidatos representativos de las fuerzas que vayan a participar en las elecciones autonómicas, también anhelen, como es lógico, ocupar el sillón. Entre todos estos podremos sumar al menos otros cuatro aspirantes a ser presidentes, si bien sólo dos, los que promuevan ERC y el PSC, merecerán que se les otorgue alguna verosimilitud.

Y ahora, no sé si para ir terminando o solo para seguir con la retahíla, vuelve Artur Mas. Un tipo del que no se conoce más oficio que la política y que, superado el tiempo de inhabilitación que le impusieron los tribunales a causa de algunas actuaciones suyas que desbordaron la legalidad, puede que traiga en la mochila de retornado una pizquita al menos de ánimo de revancha.

Demasiados protagonistas para una sola representación. Nunca la dramaturgia dio para tanto. Lo más probable es que al público se le distraiga la atención, por no saber con certeza a quien prestársela. Al final puede que sea como en la función teatral que organizan en el colegio de los niños: cada uno se fija en el suyo y punto. Lo de menos la función. Sólo interesa el artista familiar. O dicho de otro modo, para ser más adecuado al caso: lo de menos Cataluña; solo interesa el partido, si no solo el yo.

Esa pluralidad forzada debilita al país y lo empobrece. Y puede que a Cataluña nunca se le haya notado tanto. Como se nota, por cierto, en la constitución de la llamada Mesa de Gobiernos, promovida por ERC sobre la base de sus acuerdos para la investidura de Pedro Sánchez, pero manejada al gusto oportunista del presidente Torra, ese que, en su inconsistencia personal y política, solo acierta a ejercer on-line.

Nada de lo que está pasando en Cataluña desde que las fuerzas independentistas decidieron romper con las reglas de juego constitucionales -que, por cierto, en su día, ayudaron y mucho a establecer- nada, digo, nada es para bien. Y esos políticos a los que nombro lo saben. Aunque no sepan como salir del embrollo.

Doctor en Economía