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JAIME BARREIRO GIL

Está armada

06.12.2018 
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LO peor de las elecciones que se celebraron el domingo en Andalucía, principalmente para los andaluces, es que, por sus resultados, aunque no hubiese habido intención, ya no tienen mucho que ver con la propia Andalucía. Me refiero a que lo que en ellas está en juego no sólo va de otra cosa, sino que incluso a buena parte de sus partícipes directos, esa guerra oculta les interesa mucho más que la expresa. Si el PSOE hubiese logrado resultados suficientes para seguir al cargo del gobierno de Sevilla, quizá podríamos decir, que aún siendo igualmente cierto esto que decimos, no tendría por qué ser excesivamente traumático. Pero así, con el pluripartidismo abierto en canal y la presencia en él del dichoso Vox, lo que hay que decir es que el domingo se celebró en Andalucía el primer acto de las próximas elecciones generales.

Buena prueba de esto que digo son las crónicas y columnas periodísticas del lunes. Casi ninguna se ciñó estrictamente a la noticia que se producía, inducidas irremediablemente a la evaluación de las expectativas electorales que se han de discutir dentro de unos meses en Madrid. De aquí a allá habrá unas municipales y autonómicas, pero es igual, porque todas han quedado ya sometidas a la omnipresente perspectiva de las generales. Tal es la fuerza del oleaje.

Cualquiera de los que aspire a formar gobierno en Andalucía y cualquiera que acabe lográndolo no podrá evitar que su peripecia en Sevilla no sea sino la tarjeta de visita en Madrid. Y en esto, miren ustedes por dónde, el PSOE y VOX van a poder enfrentarse al trance más tranquilos que el PP y C´s. Los socialistas porque pasan la vara a sus compañeros federales que, en realidad, ya no van a tener que hacer frente a más retos de los que tenían planteados ayer; por muy bien que les hubiese venido un resultado un poco más favorable, ninguno de los esperados le ahorraría el esfuerzo que les queda por delante. Y Vox porque, con la suerte que ha tenido en este primer envite, en las generales se juega mucho menos que los demás, bastándole con dejarse llevar por la corriente, porque está y seguirá estando en un buen puesto de salida; en cierto modo, es un ganador.

Lo de los otros dos es distinto, porque se les echará en cara si pactan o no pactan con Vox, si entre ellos seguirán siendo tan incompatibles como dicen, incluso para echar a perder esta oportunidad que podría anunciarse para la derecha, en España, digo, ya no sólo en Andalucía.

Las próximas semanas van a ser de vértigo. Las victorias pueden acabar siendo tan o más amargas que las derrotas.

Doctor en Económicas