El Correo Gallego

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POSDATA

JAIME BARREIRO GIL

Los que pueden, deben

11.07.2019 
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YA, ya, les entiendo: ya sé que están ustedes hasta el mismísimo gorro de todo esto que está pasando en la política española. Es comprensible que alguien que no esté especialmente implicado en sus vaivenes esté harto. Pero también es exigible que todos entiendan que a esto no se llega de improviso, y no quiero empezar a echarle las cuentas a todos los que se lanzaron a opinar sobre el carácter salvífico del pluripartidismo. Al menos han de estar de acuerdo conmigo en que los nuevos partidos que vinieron para redimirnos de los vicios de lo que venía siendo, redimieron más bien de poco. Ni siquiera de los estilos viejos.

¿De verdad que les suena a nuevo la peripecia mutante de Ciudadanos? ¿Les parece novedoso el tragicómico “dame algo, paisa” de Pablo Iglesias? ¿Es que ya no guardan ustedes memoria de personajes como Rosa Díaz o Julio Anguita? Eran gente que llegaba a la política pidiendo paso, pero sólo por su gloria maestra, por nada más, y claro, llegado el momento, resultó que el guiso pedía fuego lento, como siempre, y ellos, por las prisas, socarraron. Y ahora igual.

Aquí en Galicia, que somos menos y está más cerca, tampoco les puede llamar a engaño el teatrillo que vienen montando los que se presentaron ante el electorado como la izquierda verdadera, los verdaderos renovadores y no se cuantas innovaciones más. Reprodujeron, con casi plena semejanza, las peripecias de las muchas fuerzas políticas izquierdistas que habían amanecido en España en los últimos años del franquismo, apurándose a derribar muros que ya se venían cayendo por su envejecido peso. De estas que traigo al recuerdo, no queda ninguna. De las que ahora vienen con la misma historia, poco faltará para que también sean nada más que memoria.

Y es que la política, por mucho que la queramos engalanar, tiene menos de novedoso de lo que parece. Como los guisos, que ya saqué a colación: pide conjunto, complementariedad, equilibrio y, sobre todo, calma.

Y ojo, eh, que no estoy intentando justificar por la torpeza de los redentores los pecados del bipartidismo. No, en absoluto. Los viejos partidos tienen mucha culpa en este desaguisado, aunque sólo sea porque en política, como en casi todo, la culpa de perder es prácticamente toda de los propios perdedores. Sólo pretendo decir que son ellos, y puede que sólo ellos, quien puede y debe sacarnos de este berenjenal, pagando las facturas de sus pecados. Y es que, llegados a este punto, o ellos mismos toman decisiones valientes, aunque sean costosas y hasta duelan, o nadie más podrá tomarlas.

Doctor en Derecho