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El Correo Gallego

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JAIME BARREIRO GIL

Ya se sabe

10.10.2019 
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NO me gustan las generalizaciones. Y quizá por haber sido yo también miembro de una cámara parlamentaria, durante muchos años, me disgusta más que muchas otras la de que son objeto los políticos. Así, no de uno en uno, según cual haya sido su comportamiento, sino todos a una, sin distinciones, metidos en el mismo saco. En general. Se les descalifica por el mero hecho de serlo. Echando lodo sobre ellos y la política misma, especialmente cuando se complica, por la razón que sea. Como está pasando ahora en España.

Somos así. Hay profesionales que son víctimas no sólo injustas sino también innecesarias de la maledicencia patria. Hablamos de los guardias civiles de la carretera como si fuesen unos tipos agazapados para cazarnos en la trampa de la multa, sin razón ni respeto. Los policías en general son unos tipos violentos e incluso chulos, a no ser, claro, que los necesitemos en cualquier urgencia. Los profesores, por lo general, un poco burros y muy vagos, con más vacaciones que ningún otro animal sobre la tierra. Los funcionarios, entre los que también están muchos profesores, pues más de todo eso y retruque. Los empresarios, ladrones. Lo ricos, gente que, en el mejor de los casos, no se merecen lo que tienen. Y no se salva nadie, ni los pobres, claro, que lo son por merecimientos diversos.

Y no sólo respecto de los oficios, profesiones o estados patrimoniales de la vida gozamos de la descalificación universal. También hay algunos que nos la merecemos por la mera razón de ser de quien venimos siendo: los andaluces, vagos; los gallegos, paletos; los catalanes, tacaños; los vascos, botarates ... y así hasta que se acabe la extensión del globo terráqueo.

¿Cómo se iban a salvar los políticos que, además, por si fuera poco, también son todos corruptos?

En fin, que lo dicho: aquí no se salva ni dios. Y si preguntas por qué, nadie te dará más respuesta que un ya se sabe.

Aunque todo esto que digo que decimos de los demás se vuelve del revés, alcanzando incluso panegíricos laudatorios, cuando hablamos de nosotros mismos. Sólo de cada uno de nosotros, claro, ahora si que de uno en uno.

Me dirán que ahora también yo estoy generalizando de manera improcedente. Que no todos nos comportamos como estoy diciendo. Que tontos puede haber en todas partes, pero que no todos lo somos. Que no todos esos de los que hablamos mal se lo merecen. Que en la vida hay por lo menos tantos buenos como malos. Más o menos. Depende.

Y yo les diré que, vale, vale, que puede que sí. Que puede que me haya pasado un poco de rosca, pero es que, ya se sabe.

Doctor en Economía