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JAIME BARREIRO GIL

El tiempo pasó

22.08.2019 
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NO, el problema de Galicia no es la progresiva despoblación de su interior rural sino la quiebra de un modelo productivo que no encuentra reemplazo. Venimos de una sociedad agraria tradicional que no acaba de morir, aunque ya tampoco sea capaz de valerse por sí misma ni de dar de vivir.

Échense ustedes a los caminos. En este país hay miles, quizá millones, de kilómetros de caminos de toda clase y condición que van desde cualquier sitio a cualquier otro. Hoy ya no todos están en buen uso, pero siguen siendo intocables, si no media un proceso de concentración parcelaria que los haya eliminado, lo que sucedió aún en pocos lugares. En la mayor parte del país ahí están: son el recuerdo del sistema del minifundio, en el que debía garantizarse el a­cceso, ya fuese a pie o rodado, a todas y cada una de las leiras de labor y provecho. Por eso hay tantos.

Pero hoy muchas de esas leiras, miles también, quizá también millones, ya no hay quien las trabaje y, en consecuencia, nadie va por los caminos. Pero cuando su trazado no se desdibuja del todo, aún nos pueden facilitar el paseo por un entorno natural cada vez más selvático -y hermoso- y menos labrado. Un espacio abandonado por los labradores y pastores, del que se van enseñoreando la maleza o las plantaciones arbóreas sin especial ordenación ni cultivo. Si hablásemos como se hablaba antes en las propias aldeas, diríamos que se trata de un espacio "dejado a monte". Sin atender.

Ese es el problema de la Galicia rural: el abandono del espacio como base para la subsistencia. La gente ya no vive del trabajo en las leiras, de manera que tampoco le es necesario ni muchas veces siquiera conveniente seguir viviendo en las aldeas. La vida está en otra parte. Ni siquiera quienes aún sostienen en pie explotaciones agrarias, cuando son de las ya modernizadas, necesitan inexcusablemente seguir viendo ni en la propia explotación ni en la aldea. En Santiago viven, con sus familias, varios gestores de explotaciones agrarias y ganaderas que se hallan a unos cuantos kilómetros a la redonda de la ciudad. Se trabaja de otra manera, y el desplazamiento ya no es el problema que era antes.

Yo no creo que vuelva a residir en el medio rural una gran cantidad de población que, desde luego, será mucho menor de la que en otro tiempo fue haciendo nacer nuestras aldeas y lugares. Se acabó. Ese tiempo ya pasó, sin trazas de volver. Por lo que lo que hay que hacer no es animar a la gente para que vuelva a vivir en el rural, sin más, sino, y aunque eso no garantice su repoblación humana, volver a poner en producción ese inmenso espacio abandonado. No se trata, pues, de un problema demográfico, sino de modelo productivo.

Doctor en Economía