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AL HABLA

JOSÉ ANTONIO PENA BEIROA

Cajas de ahorros, 40 años del principio del fin

04.07.2019 
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PARECE que fue ayer. Pero ya se cumplen 40 años de la orden ministerial que regulaba la apertura de oficinas por las cajas de ahorros, que las autorizaba a abrir libremente nuevas oficinas en su territorio de origen. Establecía que todas las cajas que tuviesen abiertas más de cincuenta oficinas en una provincia de su comunidad autónoma distinta de la de su sede central, podrán abrir nuevas oficinas en todas las plazas de esa provincia, en caso contrario, únicamente podrían abrir otras nuevas en las plazas donde ya estaban establecidas. Además, si sus recursos ajenos superasen los 50.000 millones de pesetas, también podrían abrir oficinas en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y Bilbao, una curiosa apertura de, solo, los principales mercados a la libre competencia.

Esta tímida liberalización fue una de las reivindicaciones más importantes de las grandes cajas de ahorro, acentuada desde que, en 1975, por la normativa dictada por el entonces ministro de Hacienda, Barrera de Irimo, se liberalizase la apertura de oficinas a la banca privada, lo que le permitió multiplicar por tres el número de sucursales en el intervalo del 1974 a 1982, pasando a disponer de una red de 15.380 oficinas, frente a las 9.571 de las cajas de ahorros, controlando el mercado financiero español.

En Galicia esta medida forzó los procesos de fusión que se vivieron en las cajas del norte, la de A Coruña con la de Ferrol en 1978, con la de Santiago en 1980 y con la de Lugo en 1982, lo que sería Caixa Galicia. En el sur el proceso no se iniciaría hasta fines de los 90, cuando de la fusión de las cajas de Ourense, Pontevedra y Vigo nacería Caixanova.

Pero no fue hasta la promulgación del Real Decreto 1582/1988, conocido como Decreto Solchaga, por el que se igualó a cajas y bancos en la libertad de apertura de oficinas. Acogiéndose a esa facilidad en tan sólo 10 años, las cajas pasaron a tener 17.582 sucursales, superando a las 17.450 de los bancos y pasando a ser las entidades líderes del sector financiero de forma sostenida.

Así fue que, aún en 2007, el Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez aseguraba que "El éxito del modelo de las cajas de ahorros responde a un amplio conjunto de factores, como su profesionalización, capacidad de competir y disciplina de mercado". Todo un visionario. Poco más de un año después se iniciaba la crisis que acabaría con la práctica totalidad de las entidades, bien por ser intervenidas, o por ser obligadas, indiscriminadamente, a transformase en bancos. Solo se libraron de la quema Caja Ontinyent y Caja Pollença, las dos más diminutas. Otro éxito de Ordoñez.

Economista