El Correo Gallego

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AL HABLA

JOSÉ ANTONIO PENA BEIROA

La economía y el paro, lo que sí importa

26.04.2019 
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ESTAMOS en tiempo de elecciones. No son poco aquellos que nos ofrecen un pastel con la etiqueta cómeme, que, como aquel que Lewis Carroll nos narraba en su Alicia en el país de las maravillas, nos hacía crecer tres metros, pero nos impedía entrar por la puerta. Más bien son como las sirenas de Homero en La Odisea, atrayéndonos con dulces cánticos que, en lugar de ahogarnos, nos llevan a decidir el sentido del voto como más les conviene, por ello, como Ulises, quizás deberíamos taponarnos los oídos, que no los ojos, y estar muy atentos a lo que de verdad importa, lo que según el CIS es, en este orden, el paro, la situación política, la corrupción y la economía.

Varios analistas concluyen que vivimos tiempos de incertidumbre. Ya hace unos meses que la BBC nos alertaba del peligroso calentamiento de la economía americana promovida por D­onald Trump y del riesgo de provocar una recesión, justo cuando se cumplen diez años de la anterior. La teoría de los ciclos económicos no falla, pese a Robert Lucas. Y si el gigante americano se constipa, los europeos enfermaremos de neumonía.

Por otra parte, nos movemos en una coyuntura de bajo crecimiento, escasa inflación y una sociedad envejecida. Síntomas que nos recuerdan a la prolongada situación por la que está pasando Japón desde finales del milenio pasado, sin visos de solución, por lo que algunos autores ya se refieren a la japonización de la economía europea. Y mejor no referirnos al espacio gallego, pues empatamos con los nipones en longevidad, pero incluso estamos por debajo en tasa de natalidad.

Pero, por desgracia, no son los intereses de los ciudadanos lo que los mensajes de campaña reflejan. Al contrario. Nos abruman dando trascendencia a temas lejanos, marginales e incluso desconocidos. Casi nada nos dicen de la búsqueda de un crecimiento sostenido de la producción. El PIB de 2018 ha crecido un 2,6 %, cuatro décimas menos que en 2017 y seis menos que en 2016. Creo que nos encontramos en plena desaceleración, con el crecimiento mostrando señales de agotamiento. Además, la industria, en comparación con el resto de sectores, muestra una evolución muy débil, llevándonos a la definitiva terceriarización de la economía.

En 2011 se promulgó la Ley de Economía Sostenible que perseguía una economía asentada en la mejora de la competitividad, en la innovación y en la formación. Han transcurrido ocho años y no se detectan políticas con resultados sobre la producción a medio plazo. Al revés, manda el cortoplacismo. No se ha tomado en serio, veremos en esta ocasión, las políticas sobre la tecnología, la educación o la investigación. Disfrutemos lo votado, o no.

Economista