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JOSÉ ANTONIO PENA BEIROA

En Galicia nos sobra el dinero

17.07.2018 
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SON varios los autores que han analizado la banca en Galicia. Alfonso García López en La actividad bancaria en Galicia: desde el catastro del Marqués de La Ensenada a la Ley Cambó, revisa el desarrollo del sector hasta el primer tercio del siglo XX. El período que media entre la década de los 60 y mediados de los 70, es estudiado en profundidad por Ramón Barral Andrade en El ahorro y la inversión en Galicia, quien ya con acierto crítica la absorción del ahorro gallego por las entidades financieras con destino a otras latitudes. El análisis más extenso, desde 1835 a 2002, puede leerse en la obra de Joan Carles Maixé Altés El ahorro de los gallegos, si bien muy enfocada a la trayectoria de las cajas de ahorros.

Además otros autores como Xosé Manuel Beiras, Xaime Isla, Ramón López Suevos, Valentín Paz Andrade o Javier Rojo, en alguna de sus investigaciones, también estudiaron el sistema bancario gallego y sus interrelaciones con la actividad económica, reflejando la fuerte capacidad de ahorro en Galicia, reforzada por las remesas de la emigración durante buena parte del siglo pasado y la expulsión de esos recursos, como señalaba la obra de Barral, hacia el exterior sin maximizar su aprovechamiento para reforzar nuestro tejido productivo. Nos sobraba el dinero.

Decía Churchill que el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse. Pues los gallegos debemos estar muy desesperados. Pese a que el ahorro de la emigración ya es marginal y pese al cambio experimentado por la sociedad gallega en las recientes décadas, con un intenso proceso de urbanización que provoca asimismo un desplazamiento desde el sector primario al sector servicios y nuevos hábitos de consumo-ahorro, no sabemos reinvertir nuestro excedente financiero.

Examinando la relación entre depósitos y créditos a marzo de 2018, se aprecia que no solo el ahorro generado fue más que suficiente para atender las necesidades crediticias, de unos 40.000 millones de euros, sino que anotamos un excedente de más de 21.500 millones, más del doble de los presupuesto de la Xunta para 2018. Algo no estamos haciendo bien. Nos sigue sobrando el dinero.

Con ese excedente casi financiamos el déficit de cobertura de los créditos en la comunidad madrileña, donde está el domicilio de los principales bancos. No solo les suministramos la energía que no producen. Ni por ahorros ni por energía recibimos contrapartidas. Cualquiera pensaría que somos ricos. Si Von Mises hubiese nacido en la Galicia del Atlántico, no en la polaco-ucraniana, probablemente no hubiese teorizado que el crecimiento del ahorro real es el núcleo del crecimiento económico.

Economista