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JOSÉ ANTONIO PENA BEIROA

Los tipos negativos

13.08.2019 
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PESE a Trump y sus guerras comerciales, en Estados Unidos la tasa de paro se sitúa en un 3,7 % difícilmente mejorable. Sin embargo la inversión empresarial es débil por las incertidumbres derivadas de su excéntrica política arancelaria y el estancamiento del crecimiento económico. Para solucionarlo el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha bajado los tipos de interés hasta el 2,25 %, siendo la primera reducción a finales de 2016. Esta medida responde a las presiones recibidas de Trump, quien le nombró, pese a su perfil más jurídico que financiero. A lo Christine Lagarde.

Pero la cuestión de fondo debiera ser si efectivamente los tipos oficiales, tan reducidos en USA o en la UE, son medidas óptimas para el crecimiento o para frenar el estancamiento. Así se lo cuestionó Keyness. Lo cierto es que resulta más factible restringir el crédito que aumentar su volumen. Pese a la bajada de tipos, el volumen actual de crédito al sector privado se sitúa en niveles de diciembre de 2005, mientras que los tipos de interés en términos reales son negativos. Por lo tanto, no es suficiente abaratar el crédito para lograr los objetivos de crecimiento sostenido de la economía.

Si miramos hacia atrás, julio de 2012, el mes en el que la prima de riesgo de España batía récords, los tipos de la deuda pública a largo plazo alcanzaron el 6,80 % y los tipos aplicados por la banca a los nuevos créditos era del 4 %. Por el contrario, la referencia interbancaria a 1 año era de solo el 1,06 %. Siete años después el tipo de la deuda pública es el 0,50 %, las nuevas operaciones crediticias se formalizan al 2,15 % y el interbancario es un -0,19 %. Por lo tanto, en tan breve plazo, se ha invertido el coste de la financiación en beneficio del sector público.

Y si observamos los resultados de la política de tipos de interés bajos en las dos grandes magnitudes: volumen de deuda pública y crédito al sector privado, para el período 2012 a 2018, en España la primera crece en 280.000 millones de euros, mientras que el crédito se reduce en 400.000 millones. Se confirma que reducir los tipos no garantiza el crecimiento. Pero si atendemos a su coste, el de la deuda se reduce en 55.000 millones, pese a crecer en volumen, mientras que el del crédito solo en 39.000. ¡Eureka!, diría Arquímedes.

El beneficiario de la política de tipos de interés es el Estado. Para lograrlo se diseñaron los programas de compra de deuda soberana en mercados secundarios, con éxito indudable, pues en 2018 el Estado pagaría menos de 6.000 millones de euros de intereses, frente a los 80.000 que le corresponderían según los tipos de 2012. Ni imagino como haríamos para pagarlos.

Economista