El Correo Gallego

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POLÍTICAS DE BABEL

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

Mucho antes que Greta Thunberg

07.12.2019 
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CON menos recursos, antes de que llegara Greta Thunberg y, desde luego, sin publicidad; es decir, con discreción, sabiduría y buen hacer, muchos profesionales ya estaban animando y educando a las nuevas generaciones para que desarrollasen una relación más ecológica y sostenible con el medioambiente.

Me refiero, entre otros, a los profesores que nos ayudan a educar a nuestros hijos en colegios públicos, concertados y privados, donde desde el periodo infantil se les enseña a apreciar y conservar la naturaleza, y a participar activamente en acciones orientadas no sólo a reflexionar y preservar nuestro entorno natural, sino incluso a actuar sobre el mismo de forma que seres humanos, animales y hábitat coexistamos en armonía.

Huertas escolares en las que aprenden a apoyar y a contribuir al ciclo vital de la naturaleza, campañas de reciclaje, reflexiones sobre el cambio climático en colaboración con estaciones meteorológicas, actividades artísticas y de land art en entornos naturales, o jornadas sobre movilidad responsable y sustentable, son algunas de las prácticas en las que llevan años participando colegios como, por ejemplo, el CEIP Pío XII compostelano. Lo hacen poco a poco, casi en silencio, con una naturalidad pasmosa, pero despertando en nuestros hijos e hijas una gran sensibilidad que los pequeños ya nos han contagiado a padres y madres.

Es ahí donde está teniendo lugar la verdadera transición ecológica de la que ahora se habla como si de una nueva moda se tratase. Los objetivos y compromisos que firman nuestros líderes políticos en las cumbres climáticas se van cumpliendo en mayor o menor medida, los científicos nos van dando consejos y pautas a seguir, y todos sabemos que la necesaria transición ha de ser colectiva, paulatina, constante y razonable, sin que suponga discriminar a personas ni arruinar economías. No puede ser una moda, ni responder a una ideología, pues no todo el mundo se apunta a las modas, y las ideologías no siempre son compartidas.

Tampoco parece correcto utilizar a una menor como un juguete que unos ensalzan y otros denigran; una marioneta que pueda llegar a ser arrinconada sin posibilidad de recuperar los años que quizá debía haber pasado estudiando junto a sus compañeros y, con un poco de suerte, con unos profesores con los que estaría compartiendo reflexiones y prácticas ecológicamente sustentables, como llevan años haciendo nuestros hijos e hijas en Galicia y el resto de España.

La transición ecológica no puede llevarse a cabo a costa ni de enfrentamientos ni de radicalismos, pues conlleva una renovada forma de educar, así como reconocer la necesidad de involucrar a todos pacífica y solidariamente, sin dejar a nadie atrás. Además, debido al envejecimiento poblacional, no será fácil reorientar nuestro acomodado e insostenible estilo de vida.

www.josemanuelestevezsaa.com