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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Los airados

15.05.2019 
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LEÍ que Iñárritu habló ayer en el discurso de presentación del jurado del Festival de Cannes, que él preside, del enorme peligro que suponen los airados. "Los airados como Trump", dijo exactamente. Pero hay airados, muchos, y se van multiplicando, sobre todo al calor de las redes. El grave peligro es que eso suceda de manera subterránea. Trump es demasiado evidente. Sus bravatas se cuelan en sus tuits, o ante los micrófonos que le acercan. En eso, no engaña. Pero el diablo está en los detalles. Por eso es importante que un evento artístico tan importante como Cannes se diga algo, considerando la amplitud de la audiencia y la necesidad de reivindicar a creadores e intelectuales por encima del brutalismo en alza. No hay nada peor que todo ese sentimiento airado que camina en la oscuridad, que se mueve por los túneles del miedo, por los torbellinos de la ira, y que desemboca, por ejemplo, en algunas decisiones políticas. La ignorancia, como dijo también ayer Iñárritu, es un gran aliado de los airados. La ignorancia sirve de perfecta cadena de transmisión, también la dejadez y el olvido. La educación es el arma perfecta contra la manipulación constante. Así que el camino es el de la ciencia, el del conocimiento, el del arte. No hay otro que nos pueda salvar.

Iñárritu, claro, habla de los problemas fronterizos con su México natal, seguramente el asunto que mejor conoce, y que nos recuerdan, por cierto, ese excelente documental de Gonzo, 'Detrás del muro', que nos trae sin filtros ni circunloquios la crudeza de la realidad migratoria. Hay momentos en los que el periodismo adquiere su verdadera naturaleza, esa que a veces algunos quieren negarle. Pero el predominio de los airados, de los que manejan el lenguaje intimidatorio, se va volviendo global. A veces creo que también puede ser doméstico y cercano. Lo puedes hallar en la calle, en las redes (desde luego), lo puedes hallar incluso entre personas de las que esperarías otra forma de ver el mundo. Un autoritarismo que se crece en la vanidad y la arrogancia, en la conciencia falsa pero bien aprovechada de una supuesta superioridad moral, en ese territorio en el que se afirma y no se negocia.

El mundo vive hoy atenazado por esta crisis de intimidación, por este crecimiento vertiginoso del lenguaje hirsuto, mal educado tantas veces, por el prestigio de la contundencia frente a la flexibilidad. Lo vemos, incluso, en las campañas. Se rivaliza en prohibir, en limitar, en adoptar posturas duras, no en lograr acuerdos ni en buscar afinidades. No faltan los que están dispuestos a ir hasta el infinito y más allá en todo lo que sea coercitivo, en todo lo que suponga domesticar al fiero ser humano, de donde nacen los miedos que hoy gobiernan verdaderamente el mundo. Y por eso, con cualquier pretexto, real o no, se alza la voz de los airados. "Los airados como Trump", que diría Iñárritu, buscando en esa mina que parece ser la creación perpetua de insatisfacciones y de frustraciones. Y los desfavorecidos nada sacan de esa ira, pues se mueve finalmente contra ellos. Es difícil comprender cómo, después de un siglo de guerras y de odio, hemos vuelto a creer en el mismo lenguaje oscuro, en la misma visión triste y maniquea del mundo. En el engaño interesado.