El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Me alegré

16.05.2019 
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ME alegré de que anoche fuera posible seguir el debate de los candidatos a presidir la Comisión Europea por múltiples pantallas. Me alegré porque se habló con libertad y sin morderse la lengua, se habló incluso de los males interiores de la propia Europa, que no son pocos. Me alegré porque sin duda alguna creo que las elecciones europeas son las más importantes del próximo día 26 de mayo en España, por más que la política local e inmediata sea también muy importante. Sucede que Europa es en gran medida algo local, es nuestro lugar, es nuestro territorio. Me alegré de que los debates se cuelen por las pantallas diversas, porque de alguna forma hay que combatir la manipulación que luego crece exponencialmente en diferido, o en las redes sociales. El directo siempre nos libra de algunas cosas indeseables en los tiempos que corren.

Me alegré de que fuera un debate limpio, sin apenas interrupciones. Un debate que se parecía muy poco, la verdad, a los que estamos teniendo aquí durante las últimas semanas, más caracterizados por la tensión y por el cruce de acusaciones y expresiones más o menos gruesas, mientras la política verdadera, tantas veces, pasa de largo. Nada peor que convertir la política en un objeto arrojadizo entre los candidatos. Me alegré porque, al fin, se tocaron algunos de los grandes temas con cierta profundidad, casi ausentes en debates semejantes aquí en nuestro país, donde, en cambio, se recurre una y otra vez a los asuntos más manidos y enquistados, asuntos que pueden amasarse hasta el infinito, o hasta que forman un bucle del que no se puede escapar. La modernidad exige unas dialécticas que no pueden obviarse, y son dialécticas constructivas, colaborativas, no meramente acusatorias o arrojadizas.

Me alegré porque se habló del clima, y no sólo por la presencia de Ska Keller, de los verdes europeos. Me alegré porque se mencionó cómo los ciudadanos, o los más desfavorecidos, son a veces los que reciben el impacto de medidas que no afectan, sin embargo, a los que de verdad generan los problemas. Alguien recordó, y me alegré también, que Europa debe seguir llamándose la tierra de la libertad. Se habló contra el egoísmo, contra las visiones cerradas. Se habló contra la intransigencia y se criticó a los intransigentes de dentro, que parecen gobernar en Europa contra Europa, y a los intransigentes de fuera, que llegan con sus dosis de propaganda y su aire mesiánico, incluso sin que nadie les haya llamado.

Me alegré porque se habló de una Europa que necesita confianza, pues Europa es el bloque económico más grande del mundo. No puede doblegarse, por tanto, ante las presiones comerciales de nadie, sino que debe aprender a dirigir su mayor éxito económico, que es precisamente el comercio. Y lo es desde la antigüedad. El respeto de Europa vendrá de respetar los tratados y también el Acuerdo de París por el clima. De la integración y de las oportunidades. Me alegré mucho de escuchar estas cosas. Vestager aludió a uno de los grandes problemas: el lenguaje: “tenemos que cambiar nuestra forma de hablar, sin etiquetas”. Pero la mejor frase de la noche fue una de Timmermans: “Vean lo que ha hecho el brexit con el Reino Unido. Hoy el Reino Unido parece Juego de Tronos”. Seguimos atentos.