El Correo Gallego

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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Calentamiento

16.03.2019 
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SE ESTÁ calentando el ambiente con lo del calentamiento global. Ayer los jóvenes volvieron a la huelga y no parece que vayan a ceder. Lo bueno de los jóvenes es que son intensos, tienen energía, y, sobre todo, no votan. Aunque votarán. El hecho de no hacerlo todavía (muchos de los que lideran ahora mismo las protestas apenas tienen entre trece y dieciséis años) implica que están libres de cálculos electorales, incluso libres de los intentos de los partidos por capitalizar su movida. Se decía que sin voto se tiene menos fuerza, pero eso está por ver. ¿Cuál es la eficacia de la política en asuntos de calentamiento global? Todo se mueve con demasiada lentitud, mientras lo científicos apremian. Y hay mucho escéptico, claro, capitaneados por algunos líderes surrealistas que no quisieran ver a un científico diciéndoles qué deben hacer con los automóviles o con las industrias contaminantes. Es difícil luchar contra el lenguaje imperativo e intimidatorio, que tanto se estila, pero más difícil es luchar contra la ignorancia. Los jóvenes, a pesar de serlo, o precisamente por serlo, lo tienen bastante claro y no se tragan lo que tal vez los adultos sí nos tragamos.

Algunos, claro, alcanzan la edad de votar (hay universitarios en la protesta), o la alcanzarán pronto. Y entonces serán reclamados para el voto, pero ellos podrían enseñar estas huelgas, y podrán declinar, como parece que ya están declinando, entrar en el juego político. Aunque siempre se asegura que nada se puede arreglar desde fuera de la política, lo cierto es que las cosas no son como eran. El movimiento por el clima y contra el calentamiento es transversal, internacional, y no conoce fronteras, porque las lindes de los estados no tienen nada que ver con la realidad del clima. De vez en cuando descubrimos cosas que no entienden de divisiones administrativas. También parece un movimiento apartidista, aunque haya partidos verdes desde hace muchos años y grupos de inspiración ecologista. La protesta es otra cosa: nace de una alarma casi doméstica, escolar, también de un sentimiento de frustración ante las cosas de los adultos. Tanta reunión para nada. Eso es lo que parecen decir.

Alguien les enseñará, si no lo saben ya (porque saben mucho) que los adultos somos así. También que hay muchos intereses cruzados, cómo no. Les sorprenderá que aún prioricemos asuntos a corto plazo, imprescindibles a la hora de votar, claro, cuando el largo plazo se anuncia tenebroso. ¿Será porque no vemos el futuro como algo que nos afecte personalmente? Ellos sí lo ven. No sólo son jóvenes dándonos una gran lección, sino que son nuestros hijos dando una lección a padres acomodaticios. Y a políticos que descreen de la ciencia. Piden ahora el Nobel de la Paz para Greta Thunberg, esa niña sueca que ha levantado el movimiento con una fuerza asombrosa. Seguro que se merece ese premio más que muchos, pero ya se sabe que a veces todo lo que se convierte en símbolo acaba engullido por el sistema. Hagamos algo por el clima primero, y luego, todo por Greta, y por los demás. Quizás algunos lleguen al liderazgo político. Pero bastaría con que se convirtieran en ciudadanos felices de haber faltado algunos viernes a clase para enseñar a los torpes adultos el camino.