El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

La economía, ahora

09.10.2019 
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LA economía es casi invisible en las pantallas, salvo las de la Bolsa, y aún así hay que interpretarlas. No se ve la economía, se ven sus efectos. También se ve a Trump colocando aranceles por aquí y por allá, bastante ufano de sus muros económicos. El caso es levantar empalizadas defensivas, protegerse como una vieja tribu. La directora gerente del Fondo Monetario dio su primer discurso, que llega a los titulares y pasa de inmediato a las páginas salmón. Y luego dicen que el pescado es caro. Creo que habló ayer de un nuevo muro, este que se establece entre Estados Unidos y China, una guerra sin cuartel, y Europa en medio, intentando no ser laminada ni despreciada. Los datos son malos, porque toda guerra es mala y las comerciales no son una excepción.

Hay señales de alarma. No hace falta escucharlo, porque paseamos las calles y vemos los efectos en el pequeño comercio. Por ejemplo. La macroeconomía toca el gran tambor global, pero allá, al fondo, siempre hay un pequeño productor. Trump protege un sector que por lo visto le vota mucho, y vienen elecciones. No quiere ni oír hablar de modernidades que provocan un mayor gasto de la producción, una reducción también del consumo, y hacer caso a acuerdos internacionales. Entre esas modernidades está la de salvar el planeta.

Pero, como dijo ayer Georgieva, toda una generación se verá lastrada por lo que viene, y más de noventa países se verán involucrados. El proteccionismo arancelario sabe muy bien que toda acción tiene su efecto, que en el comercio todo comunica con todo. Pero aún así trata de hacerse fuerte, con lo que desata la tormenta perfecta. Ya hablamos aquí el otro día del grave problema que se le presenta al sector agroalimentario español por las exportaciones, en las que Estados Unidos es vital. Pero no sólo eso: estamos hablando de un país con despoblación, envejecimiento y que se verá gravemente afectado, a lo que dicen los que saben, por el cambio climático. Es difícil concebir un panorama más complicado, que exige ir mucho más allá de las compensaciones económicas, aunque desde luego nunca sobran, que exige algo que pueda revertir la situación actual. Alguien dijo ayer que es el momento de la acción, como lo es en el tema poblacional y también en el climático. Todo se refiere a lo mismo, todo responde al mismo momento crítico. Y es Europa, evidentemente, quien debe construir una respuesta, más en un tiempo en el que crecen sus enemigos, y mucho más ante un nuevo fracaso de las negociaciones del Brexit. Porque no sólo Johnson busca culpar a Europa. O se fortalecen las políticas y se construye una economía competitiva, que evite los graves desequilibrios regionales que subsisten, o la caída de Alemania, que empieza a preocupar, se extenderá a otros lugares potencialmente frágiles.

Todo esto sucede cuando enfilamos una campaña electoral. Los asuntos domésticos y nuestro puzle político no dejan de lastrar la visión total. En televisión sigue habiendo un gran oleaje de opiniones, mucho debate sobre los equilibrios políticos futuros, pero la economía parece invisible, con esas imágenes de archivo mil veces repetidas. Alguien debería hablar de ella antes de que sea tarde.