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los reyes del mando

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Éramos jóvenes

11.01.2019 
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ANA PASTOR, la periodista, quiere hacer ese periodismo que explica la historia de las décadas pasadas desde las vidas domésticas, también desde la política claro, pero el tiempo va a su bola, y el siglo, el nuevo siglo, aún no termina de aparecer. Se admiten discrepancias. Ayer estrenó Pastor su nueva entrega de 'Dónde estabas entonces' (La Sexta) con una gala multigeneracional desde los Teatros del Canal. En un programa anterior, porque los canales (los de televisión, digo) se autopromocionan todo el rato y sin desaliento, dijo que la movida estaba inspirada en el gran Letterman, y en este plan. Luego vendrán las entregas sucesivas, ahora la década de los noventa, que parece que fue ayer, y no. Viene a ser un 'Cuéntame' sin ficción, un 'Aquellos maravillosos años', que es el origen de todo esto. Memorias de un tiempo pasado, que quizás no fue mejor. Aunque viendo el presente, empiezo a tener muchas dudas.

Ana Pastor domina el tema de la comunicación, maneja bien el input mediático, pero es difícil definir las décadas, prodigiosas o no, aunque hayamos pasado por ellas. El asunto es que llevamos casi veinte años del siglo XXI, pronto será un cuarto de siglo, corazones. Puede que algunos anidemos más en el siglo pasado, los que somos un poco puretas, vale, pero ojo al dato que ya llevamos capas y sayos del siglo del futuro, aunque como dicen los más cachondos, el futuro ya no es lo que era. Estamos a caballo del siglo, pero los que galopan son otros. También es cierto que la verdadera patria es la infancia, esa cita que sale todos los días, y los que nacimos allá en el tardofranquismo, pero muy tardo, nos vemos más del siglo XX, de aquella antigüedad que luego se desató hermosamente en libertades como si fuera una noche de amor, cuanta locura, como si tuviera ese frescor de una verbena iluminada sobre la hierba. Y ha terciado, en la resaca típica de la historia, en este presente pacatón, tirando a cara de palo y lenguaje de hierro, un tiempo de odios y cabreos, transmitidos en directo. La nostalgia ya no es lo que era. Y el futuro, tampoco.

Ana Pastor se va trayendo las décadas de la bodega, donde fermentaban nuestros sueños y los cubatas del after. Creo que perspectiva tenemos, porque ha pasado tela de tiempo, aunque nos quieran hacer ver que veinte años no es nada, que feliz la mirada. El criterio comparativo no resiste un pase en lo musical, me perdonen triunfitos e 'influencers' de la constelación, y en cuanto a otras artes, lo mismo hay que mirarlo. No nos pongamos estupendos con la modernidad domesticada. Lo que va a ir saliendo de los 90 en lo de Pastor pasó hace mucho, casi treinta años, esos treinta años que nos han hecho viejos o viejóvenes, pero eso no quiere decir que en algunas cosas no estemos retrocediendo, yendo y viniendo, mezclando robots con copas de sol y sombra. No piensen que lo moderno viene así, de esta manera, sólo porque pasa el tiempo. A veces es que el tiempo pasa para atrás. En aquellas noches escribimos mucha poesía con las televisiones apagadas. Ahora vamos de modernatas, algunos van de purísimos, toda esa corrección de chapa y pintura que se estila. Yo miro lo de Pastor por ver dónde estuvimos, y por recordar que éramos jóvenes y aún poco encabronados.