El Correo Gallego

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LOS REYES DEL MANDO

JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

Extraterrestre

12.10.2018 
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SON las nueve de la mañana, ha llovido por primera vez desde hace meses, ha soplado el viento: parece el primer día del otoño. En 0#, de Movistar, ponen ‘Objetivo Marte’. Pronto descubro (lo debería haber descubierto antes, lo sé) que es un documental excelente. Emocionante. Puede que no sea muy normal sentarse a ver un documental sobre Marte a las nueve de la mañana, pero yo a esas horas prefiero lo extraterrestre. De madrugada, me había ido a la Roma antigua. A las dos de la mañana, con un poco de insomnio, mientras caían goterones como calabazas ahí fuera, me senté como un devoto ante varios capítulos de Mary Beard. Y pocas horas antes, en La Dos, ahíto de tantas malas noticias en el presente, había decidido ver otro documental, esta vez sobre las mujeres de Enrique VIII. Una vez terminado concluí que cualquier tiempo pasado fue peor. Cuando la historia me abruma, siempre acabo viendo a Joaquín Reyes.

Suelo viajar con Beard al tiempo de los romanos, un lugar al que me gusta huir (ya ven, como si fuera un tiempo de rosas). ¡Ah, Beard! Hablo a menudo de ella, lo sé. Pocos investigadores alcanzan su capacidad de atrapar al espectador. He sido siempre un gran aficionado a Grecia y Roma. Beard me acompaña en la madrugada otoñal, aunque en realidad ella está recorriendo en bicicleta la Via Apia, mostrando tumbas, buscando mensajes de gente corriente. De esclavos. Los romanos que vivieron sin fama, salvo en las lápidas de sus tumbas. No todo fueron arcos del triunfo.
A las nueve de la mañana, la lluvia remite. Voy de Roma a Marte, del pasado al futuro: ese es mi periplo televisivo. El presente nos atrapa en la vida cotidiana, pero es un gran error. Vivimos apenas un segundo de la historia, preocupadísimos con lo que nos ha tocado. Los líderes esos que acaban con nuestra paciencia, la sociedad intolerante. Hay muchos motivos para sentirse inconfortable, pero recuerden que cualquier tiempo pasado fue peor. Roma incluida.

La verdad es que nos sobrevaloramos. Olviden todos sus asuntos inmediatos, porque lo único que de verdad interesa es preservar la vida en el planeta. Todo lo demás, todo, es secundario. Es duro escuchar que un día tendremos que irnos a otro lugar, si queremos que la especie sobreviva. Es duro escuchar que la destrucción de nuestros ecosistemas es tan brutal, se ha acelerado tanto, que quizás el viaje a Marte tenga que adelantarse. Ya hay mucha gente pensando en ello. Durante un momento me dejo llevar por el narrador: algunas personas tendrán que renunciar a volver a ver a sus seres queridos, tendrán que renunciar a demasiadas cosas. Lo peor del viaje a Marte, la gran colonización de un nuevo mundo después de dañar el nuestro, será el lado psicológico, no el lado tecnológico. Somos extraños: podemos hacer cosas grandiosas y cosas estúpidas, casi al mismo tiempo.

Baikonur. La nave Soyuz realiza un aterrizaje de emergencia, tras fallar los motores. Veo la estela en la pantalla. Hague y Ovchinin, los astronautas, soportan 6,7 veces las fuerzas gravitatorias normales. Más tarde aparecen en una foto, charlando, recostados en un sofá. Todo ha salido bien. Definitivamente, la pasión por el espacio ha vuelto. Da gusto sentirse un poco extraterrestre, tal y como está el patio.